Deja de luchar contra Dios
domingo, 21 de junio de 2026
Oración
Amado Padre, ¡cuánta paciencia has tenido conmigo!, pues no es la primera vez que me confrontas en cuanto a mi orgullo. Espíritu Santo de Dios, ayúdame a despojarme de la terquedad y del orgullo, pues no quiero seguir ofendiéndote ni contristándote. Señor Jesús, ¡cuánta necesidad tengo de que crezcas en mí y de que yo mengüe! Amén.
Lee la Palabra de Dios
“Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí. Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar” Hechos 27:12-15.
Reflexiona
En el devocional anterior reflexionamos acerca de la terquedad y vimos cómo aquellos hombres decidieron ignorar la advertencia de Pablo y continuar navegando. Pero, ¿qué había detrás de esa decisión? La respuesta es el orgullo. La terquedad no es más que una manifestación de un corazón que se resiste a reconocer que Dios tiene razón.
El barco en el que viajaban Pablo, el centurión y los demás presos, rumbo a Roma, puede representar ese orgullo que muchas veces gobierna el corazón del hombre. Y de él necesitamos despojarnos, pues, en lugar de impulsarnos hacia adelante, termina produciendo estancamiento.
Aquellos hombres creyeron tener el control. Al ver que el viento soplaba favorablemente, pensaron que podían continuar el viaje sin problemas. Sin embargo, el tiempo cambió abruptamente y la tormenta demostró que ni la experiencia de los marineros, ni la embarcación, eran suficientes para hacerle frente. Finalmente comprendieron que luchar contra el viento sería inútil y se dejaron llevar por él, pues era mejor permanecer con vida que perecer intentando navegar contra la corriente.
¿Cuántas veces nosotros actuamos de la misma manera? Creemos tener el control y persistimos en nuestros propios caminos, aún cuando Dios nos advierte. Sin embargo, llega un momento en el que nuestras fuerzas se agotan y comprendemos que es inútil resistirnos a su Voluntad.
Por eso, el Señor quiere enseñarnos las claves para despojarnos del orgullo. La primera consiste en dejar de luchar contra Dios.
Eso fue lo que el Señor le reveló a Pablo, cuando iba camino a Damasco: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 26:14b). En otras palabras, era inútil luchar contra Dios, resistirse a Él, pues al hacerlo solo se estaba haciendo daño a sí mismo.
El orgullo nos lleva a levantarnos contra Dios y a actuar como si supiéramos más que Él. Es como decirle: “Déjame a mí; yo sé cómo hacer las cosas”. Pero el Señor declara: “La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco” (Proverbios 8:13b).
Ese fue uno de los errores del rey Saúl. Aunque Samuel le mostró claramente su pecado, Saúl insistió en justificarse y se negó a reconocer su falta (1 Samuel 15). ¿Y cuántas veces nosotros hacemos lo mismo? El Señor nos confronta una y otra vez, pero seguimos convencidos de que tenemos la razón y nos cuesta admitir el orgullo que hay en nuestro corazón.
Hermanos, hoy el Señor quiere llevarnos a su Presencia para que permitamos que examine nuestro corazón. Preguntémosle: “Señor, ¿hay orgullo en mí?” Y si Él nos muestra que sí lo hay, el siguiente paso será reconocer que hemos estado navegando, quizás durante mucho tiempo, en contra de su voluntad.
Te invito a leer el devocional de mañana, pues el Señor seguirá enseñándonos las demás claves necesarias para despojarnos del orgullo.
Alaba a Dios
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