La terquedad conduce al naufragio
sábado, 20 de junio de 2026
Oración
Padre, permite que mi vida ya no sea guiada por la terquedad, sino por tu buena, agradable y perfecta voluntad. No quiero vivir en naufragio, sino caminar por la senda que tú has trazado para mí. Confío en ti y sé que tu consejo y tu dirección me conducirán por caminos de rectitud y verdad. Amén.
Lee la Palabra de Dios
“Navegando muchos días despacio, y llegando a duras penas frente a Gnido, porque nos impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. Y costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea. Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas. Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía”. Hechos 27:7-11.
Reflexiona
En la vida, muchas veces hemos aprendido a movernos según nuestro propio ritmo o hacia donde nuestros deseos y emociones nos impulsan. ¡Cuán difícil es para el hombre abandonar esta manera de pensar y actuar para sujetarse a la voluntad de Dios! Sin embargo, el Señor no quiere que continuemos viviendo conforme a nuestro antojo, sino que aprendamos a caminar por la senda que Él nos señala (Salmos 32:8).
Pablo fue testigo de esta realidad durante uno de sus viajes a Roma. La Biblia nos muestra que el apóstol era trasladado a esa ciudad como prisionero bajo la custodia de un centurión llamado Julio. Durante la travesía, los vientos eran contrarios y el avance se hacía cada vez más difícil. La situación exigía tomar una decisión: continuar o esperar.
Al ver que el otoño estaba avanzado y que la navegación se había vuelto peligrosa, Pablo advirtió que seguir adelante podría traer graves pérdidas para la carga, la nave e incluso para las personas que iban a bordo. Sin embargo, el centurión prefirió escuchar al capitán y al dueño del barco, quienes consideraban más conveniente continuar el viaje (Hechos 27:9-11).
¡Cuántas veces nosotros hemos hecho lo mismo! Aun siendo creyentes, ponemos en una balanza nuestros pensamientos, deseos y experiencias frente a la dirección de Dios. Llegamos a creer, equivocadamente, que sabemos qué es lo mejor y terminamos desechando el consejo que el Señor nos da por medio de su Palabra.
Finalmente, ocurrió exactamente lo que había sido advertido: la nave naufragó y se perdieron tanto la embarcación como gran parte de las provisiones. No obstante, por la misericordia de Dios, ninguno de los tripulantes perdió la vida (Hechos 27:24b). Este acontecimiento nos lleva a reflexionar: ¿por qué esperar a experimentar las consecuencias para reconocer que Dios tiene razón? ¿Por qué insistir en nuestro propio camino cuando el Señor, en su amor, nos muestra uno mejor?
Hermanos, la terquedad nunca nos llevará más lejos; sólo producirá estancamiento, pérdidas y sufrimientos innecesarios. Aunque la gracia de Dios es capaz de sostenernos y preservarnos en medio de nuestras malas decisiones, ¡cuánto mejor es aprender a escuchar su voz y obedecerle! Quienes atienden su Palabra encuentran dirección, vida y bendición, tal como lo afirma el Señor en Proverbios 4:10-13: “Oye, hijo mío, y recibe mis razones, Y se te multiplicarán años de vida. Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar. Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos, Y si corrieres, no tropezarás. Retén el consejo, no lo dejes; Guárdalo, porque eso es tu vida”.
Alaba a Dios
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