En la tormenta, mi fe es el ancla que me sustenta

lunes, 17 de agosto de 2026

01

Oración

Señor, hoy me presento ante ti reconociendo que la vida a veces trae tormentas que sacuden todo a mi alrededor. Te pido que tu Santo Espíritu fortalezca mi fe, para que sea un ancla firme y segura en medio de cualquier tempestad. Ayúdame a confiar más en tu Palabra que en mis circunstancias actuales. Amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta.” Hechos 27:13 “Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.” Hechos 27:23-25
03

Reflexiona

En Hechos 27, leemos el angustiante naufragio que vivió el apóstol Pablo. En un momento de su travesía, la tripulación creyó que tenía el control: decidieron levar anclas y navegar, ignorando la advertencia del apóstol. Pronto, una tormenta huracanada los dejó a la deriva. En medio de aquel mar profundo, sus anclas físicas fueron inútiles; el barco se perdió y todo parecía sentenciado al desastre.

Sin embargo, Pablo poseía un ancla distinta, una que no dependía de la profundidad del mar ni de la estabilidad de la embarcación: su fe en el Dios a quien servía. Mientras los demás estaban consumidos por el pánico, Pablo estaba tranquilo, porque él conocía la voz de su Padre. Cuando llegó el momento crítico, el ancla de su fe le permitió escuchar la promesa de Dios: “Nadie morirá”. Y así sucedió.

Muchas veces, al igual que aquella tripulación, nos enfrentamos a situaciones que nos dejan a la deriva. Quizás nuestros bienes, nuestra salud o nuestra estabilidad parecen naufragar. Pero, ¿dónde está puesta nuestra ancla? Si nuestro refugio son las cosas materiales, cuando venga la tormenta, estaremos perdidos. Pero si nuestra ancla es la fe en Jesucristo, podremos mantener la calma en medio del caos.

La verdadera comunión con el Espíritu Santo es la que mantiene nuestra fe conectada a Dios. Como dice Romanos 10:17, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Hoy la invitación es a que, en medio de las tormentas personales, no soltemos el ancla. No dejemos que la brisa del momento nos engañe. Permanezcamos en comunión, escuchemos Su Palabra y confiemos: aunque el barco pueda perderse, Aquel que prometió estar con nosotros jamás nos dejará ahogar, a pesar del naufragio.

04

Alaba a Dios

Alabanza: En la tormenta, mi fe es el ancla que me sustenta
05

Comparte

¿Te bendijo este devocional? Compártelo con alguien que lo necesite.

Devocionales relacionados

Al que cree todo le es posible

“Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traedmelo. Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”. Marcos 9:17-24

Este pasaje empieza con un grito que se le escapó del corazón a Jesús: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo o...

En comunión, el miedo se va y la paz de Dios me sostendrá

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah.” Salmo 46:1-3

El pasado lunes, mientras me preparaba para el trabajo, la tierra comenzó a moverse con fuerza. La alarma de sismo sonó y, en un instante, mi instinto c...

Cuando las emociones nos arrastran

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”. Santiago 1:6

Aunque el pasaje principal del día confronta al creyente respecto a cómo, en ocasiones, surge la incredulidad, el Señor también desea usar esta misma re...