La oración en Comunión, trae fuerza y restauración
domingo, 16 de agosto de 2026
Oración
Padre celestial, gracias porque sé que no tengo que cargar mis angustias a solas. Hoy vengo ante ti para buscar refugio y renovación. Que tu Santo Espíritu me guíe a orar con sinceridad, encontrando en tu presencia la fuerza y la restauración que necesito para seguir adelante, confiando en tu voluntad perfecta. Amén.
Lee la Palabra de Dios
“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.” Lucas 22:41-46
Reflexiona
En los momentos de incertidumbre, ante una tragedia repentina o frente a la pérdida de un ser querido, a menudo aparecen personas que, como ángeles, nos brindan palabras de aliento y ayuda. Si en el consuelo humano encontramos alivio, cuánto más poderoso es hallar favor, fuerza y restauración en nuestro buen Dios. Él es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Salmo 46:1).
Nuestro Dios no es un Padre lejano. Él también experimentó el sufrimiento a través del padecimiento de su amado Hijo. En el Huerto de Getsemaní, cuando Jesús enfrentaba la agonía de ir a la cruz, en esos momentos tan difíciles para el Señor, donde por la angustia que estaba pasando en su alma, llegó a sudar grandes gotas de sangre, fue allí, en ese instante de extrema aflicción, donde Jesús —el Dios encarnado— nos enseñó con su ejemplo el camino para afrontar las situaciones más difíciles, pues Él acudió en oración a su Padre celestial, buscando refugio en la comunión con Él. Fue en esa comunión íntima donde el Padre envió un ángel para fortalecerlo.
Si Jesús, siendo el Hijo de Dios, buscó la fuerza del Padre en la oración, cuánto más nosotros, que somos limitados, debemos hacer lo mismo. Hermanos, no busquemos afrontar nuestras pruebas con nuestras propias fuerzas. Sigamos el ejemplo del Maestro: apartémonos, doblemos nuestras rodillas y busquemos en la comunión del Espíritu Santo la fuerza y la restauración que solo vienen de lo alto. La oración no es solo pedir; es estar con el Padre, es dejar que Él nos sostenga cuando ya no podemos más como dice Isaías 40:29 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”.
Alaba a Dios
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