En el seno del Padre. Parte 2
lunes, 30 de marzo de 2026
Oración
Espíritu Santo, lléname de tu presencia, y enséñame a correr como un niño a los brazos de Dios, pues sé que ahí encuentro la fortaleza para hacer tu voluntad. Amén.
Lee la Palabra de Dios
"A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer." Juan 1:18
Reflexiona
Gracias a la obra redentora de Cristo, los creyentes tenemos acceso al seno del Padre por medio de la comunión del Espíritu Santo. Por eso, Dios anhela que, con la sencillez de un niño, corramos siempre a sus brazos, a refugiarnos en su regazo. Esta preciada intimidad con Dios es un tesoro que no debemos perder. Su Hijo Jesús, nos dio el ejemplo perfecto, incluso a sus treinta y tres años, buscaba intencionalmente esa profunda comunión con el Padre, como lo vemos en Mateo 26:36-39 “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.”
Jesús, al buscar el seno de su Padre en oración, con la comunión del Espíritu que los hacía uno, encontró la fortaleza necesaria para cumplir su propósito. En ese momento de profunda comunión e intimidad, las emociones y sentimientos que lo llevaron a declarar: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” fueron apaciguadas. Fortalecido desde el seno del Padre, salió dispuesto a ir a la cruz y cumplir la voluntad de Dios, como se revela en Mateo 26:45 “Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.”
Muchas veces, al igual que le sucedió a Jesús, nuestra alma se entristece y se angustia, y nos sentimos perdidos. La solución está en seguir el ejemplo de nuestro Señor aquella noche: buscar el seno del Padre. Es decir, buscar intencionalmente esa comunión a solas con Dios, un lugar sin estorbos ni distracciones. Por ello, Jesús mismo nos enseña lo que debemos hacer en Mateo 6:6 “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”
Es allí, en el seno del Padre, donde también encontramos fortaleza, tal como dice Isaías 40:29 “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Solo en la comunión del seno del Padre, al igual que Jesús, podemos ser fortalecidos para cumplir nuestro propósito y tomar decisiones guiadas por el Espíritu y no por la carne, permitiéndonos hacer la perfecta voluntad de Dios.
Alaba a Dios
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