La fuente de mi obrar

domingo, 31 de mayo de 2026

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Oración

Descanso en ti, tú me llevas de tu mano, me niego a mi propio criterio, y llevo cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo, que su mente sea la que opere, no la mía, de esta manera cambio de fuente, que no sea yo sino Cristo en mí, para llevar en mi cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en mí, amén
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Lee la Palabra de Dios

“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,”, 2 Corintios 10:5 “Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.”, Romanos 14:23
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Reflexiona

En el Antiguo Testamento, se muestran muchas veces la rebeldía de Israel, su tendencia a confiar en ellos mismos, en apartarse de Dios y caer en la idolatría, El Señor da el diagnóstico: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13)

Cambiaron la fuente viva, y ellos se convirtieron en su propia fuente, pero esa fuente estaba rota.

Así mismo sucede hoy en día con nosotros los creyentes cuando cambiamos la fuente de nuestro obrar, pero ¿qué quiere decir que la fuente sea yo mismo? Pues cuando la fuente es mi propio yo, caemos en la autosuficiencia del alma, y ésta necesita valoración, reconocimiento y respeto. Caemos en el viejo engaño de “ser nuestros propios dioses”, ver lo que es mejor para nosotros, y terminamos esclavos de nuestras pasiones y deseos, volvemos a sentir vergüenza y nos sentimos huérfanos, comenzamos a tapar nuestra conciencia con religión (Tito 3:3)

Por eso el Señor nos invita a la negación de nosotros mismos. A llevar a la cruz todo, pues cuando comimos del cordero morimos y por tanto es determinante, urgente que llevemos su muerte a toda decisión para que cambie la fuente.

Pablo lo expresa, inspirado por el Espíritu, de una manera extraordinaria: “llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.” (2 Corintios 4:10). Que yo merme, para que Él crezca.

Es esencial hacerlo cada día, y claro, es casi un insulto para un mundo que exalta el yo; pero hablar de negarse no es misticismo, porque me niego para hacer un intercambio de vida, me niego a mi, para tomar la vida de Hijo de Dios. (Lucas 9:23)

Entonces, en esta negación, cambio de fuente, ahora la fuente de mi obrar debe ser únicamente Cristo; pues si la fuente de mi obrar no es Cristo, sino yo, entonces la gracia se detiene y la razón fundamental de esto es que todo lo que no es de Cristo, lo que no es de la fe que nos trajo esa gracia, es pecado y así lo ve el Señor. (Romanos 11:6, Romanos 14:23).

Hermanos, este conocimiento revelado y experimentado en cada uno de nosotros trae consecuencias tremendas: Destruye el legalismo, pues no son nuestras sensaciones o percepciones; destruye el misticismo, pues no son impulsos anímicos motivados por el orgullo de una falsa espiritualidad o sensación subjetiva de “elevación” sin verdad.

Por lo tanto, se construye una vida en total dependencia de la única fuente inagotable, refrescante y eterna, Cristo; y su llamado no es a hacer, sino a permanecer, para que siempre la fuente de todo obrar sea Él (Juan 15:15).

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Alaba a Dios

Alabanza: La fuente de mi obrar
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