Vivir en la fe del Hijo de Dios
miércoles, 1 de julio de 2026
Oración
Padre, gracias por tu Palabra y la revelación de ella por tu Santo Espíritu; gracias porque me sacas de mí mismo y aún de mi realidad temporal, por lo que ahí está escrito en tu eternidad; gracias porque me recuerdas que aún cuando caigo en pecado por mi naturaleza y debilidad, tú no me ves a mí, sino a Cristo en mí, quien me amó y para hacerme justo ante ti, se entregó a sí mismo por mí, amén.
Lee la Palabra de Dios
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2:20
Reflexiona
Vernos a nosotros mismos, nuestro pecado y por tanto nuestro total inmerecimiento de alguna bondad o benignidad por parte de nuestro Señor, es una condición en la que, como creyentes, quizá nos encontramos frecuentemente, y en la que podemos quedarnos días y días, pues adicional a esto nuestra conciencia nos acusa y también nos culpa.
Sin embargo, aunque es cierto que como seres humanos contaminados por el pecado, no tenemos ningún mérito para recibir el bien de Dios, es igual de cierto que dicha bondad del Señor es para con nosotros únicamente por la gracia y por la fe. Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;”
Como cristianos, no podemos caer en el error de la culpa, la condenación y la autosuficiencia, porque eso, en otras palabras, sería vivir pretendiendo ser justificados por las obras y no por la fe, pero lo que nos revela el versículo principal de hoy es que el creyente, todo lo que vive en esta vida terrenal debe vivirlo por medio de la fe, la fe del Hijo de Dios, que amándonos se entregó a sí mismo por nosotros para darnos salvación y con Él, toda la gracia de Dios.
Debe ser esto tan real, cierto y firme en nuestra vida que el llamado del Señor para nosotros es que, independientemente de la condición o circunstancia temporal en la que nos encontremos, podamos decir como dijo el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”; que cuando nos sintamos indignos, pecadores, culpables y no merecedores de la bondad de Dios, creamos y entendamos de manera personal que “ya no vivo yo, Cristo vive en mí” o, en otras palabras, “Dios no me ve a mí, culpable pecador; Dios ve a Cristo en mí, mi eterno Redentor”.
Alaba a Dios
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