Una vida que reverdece y da fruto. Parte 2
miércoles, 14 de octubre de 2026
Oración
La fuente de mi renovación y fortaleza eres tú, Padre eterno, reverdeces mi alma, la levantas para alinearla a tu voluntad, en tu presencia hay plenitud de gozo y delicias a tu diestra y doy fruto, por tu obrar en mí, para gloria de tu nombre, en Cristo mi Salvador y Señor, amén
Lee la Palabra de Dios
“Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.”, Hebreos 7:15-16 “Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.”, Números 17:8
Reflexiona
Para experimentar la “gracia orgánica” y el reverdecimiento de nuestra vida en el día a día, la ilustración de la vara de Aarón nos deja tres aplicaciones muy concretas:
Dejar de fabricar nuestros propios frutos: La vara no hizo ningún esfuerzo por florecer; solo estuvo expuesta a la presencia de Dios. En nuestra vida diaria, esto significa cambiar el enfoque de “¿Qué tanto estoy haciendo para Dios?” a “¿Cuánto estoy descansando en lo que Cristo ya hizo por mí?”. El verdadero carácter de Cristo en nosotros (amor, paz, paciencia) brota de forma natural cuando dejamos de intentar fabricarlo con nuestras propias fuerzas, así como la vara no solo floreció sino que produjo almendros.
Aceptemos las “temporadas secas” como el inicio de un milagro: Cuando nos sintamos espiritualmente secos, frustrados o sin fuerzas (como una vara de madera muerta), no nos condenemos. Bajo la gracia, la debilidad es el escenario perfecto para la resurrección. Reconozcamos ante Dios que no podemos resolverlo por nosotros mismos y permitamos que Su gracia manifieste la vida donde tú solo ves sequedad o dificultad.
Abandonemos la necesidad de validación humana: En el relato bíblico, las otras tribus competían por demostrar quién tenía la autoridad. En el día a día, el legalismo nos lleva a compararnos con los demás para sentirnos aprobados. Recordar la vara florecida nos libera de la competencia: nuestra identidad, valor y llamado ya fueron aprobados y calificados por Dios en la cruz, por pura gracia y podemos decir confiadamente: “El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila”, (Salmos 103:5) Y que esta seguridad que tenemos, la podamos ver diariamente en nuestra vida, accionada por la fe: “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”, Isaías 40:31
La renovación o que reverdezcamos no es un mejoramiento de la vida temporal, sino la manifestación de la vida eterna del Hijo, en nuestra vida, en nuestras dificultades; reverdecemos porque tenemos una vida indestructible en nosotros (Hebreos 7:16)
Alaba a Dios
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