Mi Amado, el más bello entre todos

martes, 21 de abril de 2026

01

Oración

Mi Jesús, mi Amado, gracias por venir a darme vida abundante, tú quieres que viva y disfrute de tu Plenitud, que sienta gozo de mi unión contigo. Quiero estar más cerca de ti y conocerte profundamente, tener más intimidad y comunión contigo. Espíritu Santo lléname con tu Presencia y permíteme experimentar ese nivel de intimidad con mi Jesús. Amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Cantar de los cantares, el cual es de Salomón. ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! porque mejores son tus amores que el vino. A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman. Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Cantares 1:1-4
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Reflexiona

El libro de Cantar de los cantares atribuido al rey Salomón, describe la historia de una campesina, una Sunamita, que reside en una región montañosa. Cierto día llegó al lugar un pastor y ella se enamoró de él y él se enamoró de ella. Él salió de viaje, pero le prometió que regresaría algún día. Él no regresó tan pronto como ella había esperado, pero un día se anunció que había llegado a la región el rey Salomón y que quería verla. Ahora, ella no podía creerlo. Y cuando ella fue llevada a su presencia ella reconoció en él al pastor a quien amaba.

Aunque este libro exalta el amor sagrado del matrimonio, también, esta historia, es una hermosa figura de la relación de amor que existe entre el creyente y el Señor Jesucristo, que vino a buscarnos cuando estábamos perdidos, que entregó completamente su vida por amor a nosotros muriendo en una cruz, pero también resucitó victorioso y está sentado a la diestra de nuestro Padre celestial, y que ha prometido volver por su iglesia, por su novia para estar siempre con ella.

Como en otros libros Dios usó Cantares para hablarnos a nosotros sus hijos. Porque en la redención, Cristo no solamente nos rescata, sino que también nos da libertad. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8:36. Pero, ¿qué clase de libertad es esa? Es la libertad de poder acercarnos a Él sin nada que se interponga y presentarnos ante Él, como una iglesia santa, sin mancha, una iglesia gloriosa ataviada como una novia, para disfrutar la eternidad con Él, Efesios 5:25-27.

Hemos leído en Cantares la frase, “porque mejores son tus amores que el vino”. Lo que nos recuerda Efesios 5:18 que dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Ser llenos del Espíritu nos lleva a experimentar esa alegría de pertenecer a Cristo y de tener una relación de comunión y compañerismo con Él.

Pedro nos dice que, aunque en este momento no veamos físicamente a Jesús, nos gocemos con gozo inefable y glorioso mientras lo esperamos. 1 Pedro 1:8 lo expresa así: “a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Por eso, permitamos que el Espíritu de Dios, que Él nos dejó para experimentar la vida en Cristo, nos llene con su Presencia y siga derramando el amor de Dios en nuestros corazones, para así experimentar esa unión con Cristo de una manera real, trayendo plenitud a nuestra vida.

El nombre de Jesús es como “ungüento derramado” como dice Cantares, esto porque cuando Cristo comenzó su vida en la tierra, le trajeron mirra para que fuera colocada en su cuerpo. Hubo una fragancia, un aroma en toda su vida en este mundo que le acompañó desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Y qué diremos de la fragancia de su amor por nosotros cuando murió en la cruz?

No nos queda más que exclamar como la Sunamita: “Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman”. Esta es una expresión de amor del creyente hacia Jesús, con el que quiere una unión espiritual de intimidad y comunión total con Él. Sabemos que podemos llegar a ese nivel de unidad, al nacer de nuevo, para estar en Cristo. Jesús dice en Juan 14:20 “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Estamos en Él. Su Palabra dice que estamos sentados en los lugares celestiales, aceptos en el Amado, unidos a Él, resucitados con Él, donde todo lo tenemos con Cristo y le pertenecemos, Colosenses 3:1.

Entender este nivel de intimidad debe llevarnos a decir como la Sunamita: “Mi amado es mío, y yo suya” Cantares 2:16a. La iglesia es la novia de esta historia, por eso digamos junto al Espíritu: “Ven Señor Jesús”, somos hijos de Dios, tenemos acceso a su presencia, a sus habitaciones, a su morada eterna.

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Alaba a Dios

Alabanza: Mi Amado, el más bello entre todos
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