Plenitud, reposo y restauración
miércoles, 27 de mayo de 2026
Oración
Jesús, tú eres mi pastor, en ti nada me falta, sin ti no tengo nada, tú llenas y me provees todo lo que necesito, aun lo afectivo y lo material, pero fluyendo de dentro hacia afuera, cuando tu Espíritu sopla en mí llevándome a conectar y disfrutar de la plenitud del Padre amoroso en el cual puedo reposar y expresar su voluntad en todo lo que hago, para darle gloria, honra y honor, amén
Lee la Palabra de Dios
“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.”, Salmo 23:1-3
Reflexiona
El Salmos 23:1-3 nos enseña tres verdades fundamentales y enlazadas de manera precisa, pero sobre todo, cumplidas cuando somo incluidos en Cristo por gracia por medio de la fe:
La primera nos enseña que todo el que ha creído en Cristo, ha entrado en la plenitud de aquel que lo llena todo en todos y estamos completos en Él, por eso dice “nada me faltará”. (colosenses 2:10, Salmos 23:1)
La segunda, que para disfrutar de esa plenitud, la clave es entrar y mantenerse en su reposo; es fe de principio a fin, pero una fe en acción, que me lleva al lugar de descanso, que es Cristo, donde reposo de mi obrar, para que sea Su obrar. Este reposo es el puente que me lleva a vivir la dimensión de la vida espiritual y me saca del mundo carnal, o de la acción individual de mi propia alma y soy llevado a depender solo de Cristo (Hebreos 4:11, Salmo 23:2).
Y tercero, que es Cristo quien restaura mi alma, que la devuelve al diseño original, donde mi espíritu en comunión constante con el Espíritu Santo tienen el rol de dueño y autoridad de la casa; el alma, al rendirse a esta realidad, es notificada para que exprese la vida del Hijo, en toda paz, amor, gozo y todo el fruto del Espíritu Santo y finalmente el cuerpo obedece. (Salmos 62:1, Salmos 23:3).
Esta operación de dentro hacia afuera, en el creyente que se rinde, que se niega a sí mismo, se acciona cada día, en toda situación, para que de manera espontánea y genuina pueda experimentar la plenitud de Cristo y matar la carne. Consideremos esta verdad que nos da el Señor en Salmos 23:1-3: plenitud, reposo y restauración.
Alaba a Dios
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