Cambiando la fuente de nuestro obrar

lunes, 19 de octubre de 2026

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Oración

Me amaste tanto Padre, que en Cristo me diste todo, se cumplió la promesa de Jesús de que los que creemos en Él tendríamos una fuente inagotable que brota para vida eterna. En esa fuente quiero permanecer, no en mi propia fuente, que me lleva a obrar contrario a tu voluntad, mejor anhelo llevar mucho fruto y agradarte en todo por el poder de tu Espíritu obrando en mi, amén
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Lee la Palabra de Dios

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”, Gálatas 5:19-21 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Gálatas 5:22-23. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”, 1 Corintios 15:22
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Reflexiona

Todos nacimos en Adán desde el vientre de nuestra madre. Sin excepción, heredamos una naturaleza caída; nuestro sistema operativo venía infectado por el virus mortal del pecado.

El pecado es evidencia de la naturaleza que heredamos. Esta manifestación de la naturaleza caída se llama obras de la carne, que podemos estudiar en detalle en Gálatas 5:19-21. Por ejemplo, si andamos en contienda o expresamos odio hacia alguien, estamos manifestando la naturaleza adámica caída, el viejo hombre.

Pero esto va más allá, a veces incluso imperceptible, porque la carne incluye todo obrar de nuestro intelecto, actuando de forma independiente de Dios, que juzga lo espiritual con lógica desconectada de la fuente de vida. Dicho desde otra perspectiva, esto ocurre cuando administramos nuestra vida basándonos en lo temporal (Mateo 16:23).

En contraposición, cuando tenemos un nuevo nacimiento por creer y recibir a Cristo, somos puestos en Él (Juan 1:12). Entonces, somos hechos participantes de la naturaleza divina por estar en Cristo y ahora podemos expresar esa nueva naturaleza (2 de Pedro 1:4).

Por la acción de la fe en Cristo, el Padre, en el obrar de su Espíritu, nos traslada de la antigua naturaleza adámica de muerte y pecado, a la nueva naturaleza de Cristo que manifiesta vida eterna y el fruto: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” (Gálatas 5:22-23).

‘Dime en qué naturaleza andas y te diré quien eres’, si estamos en la carne manifestamos las obras de la carne, y el pecado es manifiesto. Las obras que hacemos manifiestan o evidencian la naturaleza en la que andamos.

Hermanos amados, debemos cambiar la fuente para que nuestro obrar cambie radicalmente. Andemos en Cristo, en la nueva naturaleza en la que fuimos colocados, para que manifestemos amor. Es la única manera de vivir agradando a Dios, porque el Hijo obrando en nosotros es el único que anhela y hace verdaderamente la voluntad de nuestro Padre: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” (Juan 6:38)

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Alaba a Dios

Alabanza: Cambiando la fuente de nuestro obrar
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