Una vida que reverdece y da fruto. Parte 1

martes, 13 de octubre de 2026

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Oración

Señor, mi vida reverdece en ti, en permanecer en ti está el agua que alimenta mi alma y me lleva a dar fruto, mostrando tus atributos de amor hacia los demás y aun en momento de sequedad y dificultad, puedo dar fruto y esto es maravilloso, porque no es mi obra, sino el obrar del Labrador de mi alma. Amén
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Lee la Palabra de Dios

“Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.”, Números 17:8
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Reflexiona

Tuve la necesidad de trasplantar un árbol de guayabo, que ya estaba dando frutos. El resultado fue que se secó; a pesar de que le coloqué abono, no retoñó.

Algunos días que le aplicaba agua, oraba y hoy el Señor, mientras le preguntaba “qué quieres decirle a tu iglesia”, vi que una rama había reverdecido y le estaban saliendo hojas. Inmediatamente pensé en la vara reverdecida de Aarón y empecé a meditar y a profundizar sobre su significado.

La vara de madera representa al ser humano en su estado natural. Un trozo de madera cortado está completamente muerto, seco y desprovisto de vida propia. Bajo la ley, el esfuerzo humano o el esfuerzo moral, el hombre intenta cumplir los mandamientos o agradar a Dios mediante la disciplina, la fuerza de voluntad o la moralidad propia.

El ser humano es incapaz de generar vida espiritual u obediencia real por sus propios medios. Pretender que una vara seca dé frutos por sí misma es un absurdo.

En el contexto de la gracia del Nuevo Pacto, el reverdecimiento de la vara de Aarón significa la manifestación de la vida indestructible de Cristo resucitado en el creyente por pura gracia, sin intervención del esfuerzo humano.

Mientras que en el Antiguo Testamento (Números 17:8) fue un milagro para validar el sacerdocio de Aarón y frenar la rebelión, bajo la gracia se convierte en una tipología espiritual profunda sobre la identidad de los hijos de Dios y su llamado sacerdotal en Cristo.

La vara es reverdecida por estar en la presencia de Dios, porque la vara en sí misma no tiene vida; incluso produce fruto. Pero cuando intentamos resolver los conflictos (matrimoniales, económicos o personales) fuera de la revelación de la cruz, estamos “haciendo nula la gracia” y volviendo a la rigidez de la madera seca.

Hermanos, hoy debemos reflexionar y aprender que al descansar en la redención que Cristo realizó, que es un hecho ya consumado y completo, permitimos que lo que estaba muerto vuelva a florecer y a dar fruto, lo cual glorifica Su nombre. Que nuestra vida reverdezca al igual que la vara de Aarón.

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Alaba a Dios

Alabanza: Una vida que reverdece y da fruto. Parte 1
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