Guíame Espíritu de Dios

martes, 15 de septiembre de 2026

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Oración

Señor Jesús, gracias porque no estoy solo en mi debilidad. Cuando no sé qué pedir ni cómo expresarme, tu Espíritu intercede por mí. Enséñame a confiar en tu voluntad y descansar en tu promesa de que todo coopera para mi bien. Sé qué aun en el silencio y la confusión estás obrando a través de tu Espíritu para llevar mis suplicas a tu trono de gracia, amén.
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Lee la Palabra de Dios

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:26-28 “Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; en ti me refugio. Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud”. Salmos 143:8-10
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Reflexiona

En Romanos 8, el apóstol Pablo nos habla de aprender a andar en el Espíritu, en un mundo perdido, violento y lleno de oscuridad; pero también habla de la esperanza en medio del sufrimiento presente. Explica que toda la creación gime, aguardando la redención final, Romanos 8:18-25. En ese marco de espera y dificultad, reconoce lo frágiles que somos y que no siempre sabemos orar. Por eso, nos ha dado su Santo Espíritu, como ayudador, que intercede por nosotros conforme a la voluntad divina y nos da entendimiento para que sepamos que todo lo que nos pasa tiene un propósito para nuestro bien.

Nuestra debilidad es real, y a menudo no encontramos las palabras para pedir. Hay dos razones muy obvias por las que no podemos orar como debiéramos. La primera es porque no podemos predecir el futuro, y, por tanto, puede que pidamos ser librados de cosas que serían para nuestro bien, y que se nos concedan otras que nos causarían daño. Y, en segundo lugar, no podemos orar como es debido porque, en una situación dada, no sabemos qué es lo que más nos conviene. Por eso, el Espíritu Santo es nuestro intercesor, él ora dentro de nosotros, llevando oraciones más profundas que las palabras. La intercesión del Espíritu asegura que nuestras oraciones, aunque parezcan torpes o silenciosas estén alineadas con la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.

Descansemos en la Presencia de Dios, no necesitamos oraciones perfectas sino un corazón sincero, confiemos en el proceso de Dios porque, aunque no veamos resultados inmediatos, Dios está obrando para nuestro bien eterno. Por eso debemos llenarnos de esperanza porque la gloria futura que Pablo menciona da sentido a nuestras pruebas presentes.

Como el salmista, pidamos la dirección de Dios. Que el Señor nos enseñe a hacer su voluntad y no la nuestra, porque reconocemos el poder que tiene Dios para encauzar nuestras vidas. Cuando sufrimos una crisis, nuestro temor a menudo es no hacer la voluntad de Dios por no conocerla. Es de suma importancia buscar lo que Dios desea. Pero no es suficiente conocer la voluntad de Dios, hace falta la ayuda del Espíritu Santo para cumplirla y vivir en rectitud.

Pidamos ser iluminados con el conocimiento de la voluntad de Dios, y esta es la primera obra del Espíritu. Que nos haga saber el camino por donde debemos andar. Quienes tienen al Señor como Dios, tienen su Espíritu como Guiador.

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Alaba a Dios

Alabanza: Guíame Espíritu de Dios
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