La luz que muchos no reconocieron

lunes, 14 de septiembre de 2026

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Oración

Señor, gracias porque en ti tengo luz y vida, ayúdame a caminar en tu luz para que mi vida brille con gozo, esperanza y verdad. No significa negar el dolor y el sufrimiento en esta tierra, sino elegir mirarte siempre, aferrarme a tu Palabra, orar con confianza y caminar de tu mano, para no desviarme, sino que siempre me mantenga firme en la luz eterna que eres tú. En el Nombre de Jesús, amén.
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Lee la Palabra de Dios

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí”. Juan 8:12-18
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Reflexiona

Cuando Jesús se presentó como la luz del mundo, los escribas y fariseos reaccionaron con hostilidad. Aquel título les sonaría aún más sorprendente a ellos que a nosotros. Los rabinos afirmaban que uno de los nombres del Mesías que esperaban era “Luz”. A ellos les parecería, y lo era en realidad, que Jesús se presentaba como tal. La palabra luz estaba especialmente asociada con Dios en el pensamiento y lenguaje judío. “El Señor es mi luz” (Salmos 27:1); “el Señor te será por luz perpetua” (Isaías 60:19); “a cuya luz yo caminaba en la oscuridad” (Job 29:3); “aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz” (Miqueas 7:8).

Jesús estaba tan seguro de su identidad con Dios que no necesitaba de ninguna autoridad que la respaldara. El testimonio de Dios está en las palabras de Jesús, nadie podría hablar con tal sabiduría a menos que Dios le hubiera dado conocimiento. El testimonio de Dios está en las obras de Jesús, nadie podría hacer tales cosas a menos que Dios estuviera obrando en Él. El testimonio de Dios es el efecto que Jesús causa en las personas, el hecho de que Jesús puede hacer que se transformen en nuevas criaturas, es prueba de su poder divino. El testimonio de Dios está en la reacción de la gente hacia Jesús, dondequiera que Jesús se ha presentado plenamente, donde se ha predicado la Cruz en toda su grandeza y esplendor, ha habido una respuesta inmediata en los corazones. Esa respuesta es el Espíritu Santo de Dios obrando y testificando en los corazones de las personas. Es Dios en nuestros corazones quien nos permite ver a Dios en Jesús.

El Señor nos exhorta a andar en su luz. Así como una planta no puede florecer si no ve la luz del sol, tampoco nuestras vidas pueden crecer sino las irradia la luz de la Presencia de Jesús. Mantenerse en su luz significa permanecer en Él, aun cuando la vida se vuelva oscura por los problemas, pérdidas e incertidumbre. Cuando Jesús nos dice: “el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, se refiere a dos cosas, Jesús es “la misma Luz de Dios que ha venido al mundo”; y es también “la Luz que da la vida al mundo”, Juan 1:4,9.

Ser seguidores de Jesús es entregarnos en espíritu, alma y cuerpo a la obediencia de sus enseñanzas y empezar a caminar en su luz. La primera clave es recordar que Él es la luz, esto implica confiar en su constante Presencia. Pero también es la Palabra viva. Juan 1:1 nos dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Él alumbra nuestro andar, Salmos 119:105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.

Cuando caminamos solos, estamos expuestos a andar a tientas y a tropezar, porque muchos de los problemas de la vida están por encima de nuestra capacidad. Cuando caminamos solos corremos peligro de seguir una senda equivocada, porque no tenemos un mapa infalible de la vida. Necesitamos la sabiduría celestial para recorrer el camino terrenal. Jesucristo es ese guía, y es el único que posee el mapa de la vida. Seguirle es andar en la luz, a salvo a lo largo de la vida y seguros de estar con Él en la eternidad.

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Alaba a Dios

Alabanza: La luz que muchos no reconocieron
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