La fe crece cuando la usas
jueves, 10 de septiembre de 2026
Oración
Señor yo confío en ti, gracias por darme una medida de fe, permite que sea una fe creciente, una fe viva, que siempre descanse en tu voluntad. Gracias porque siempre estás conmigo, porque no me dejarás, ni desampararás. Tú sabes lo que necesito, tú obras en mi vida porque tu sabiduría es infinita, que mi fe crezca, madure y se consolide cimentada en tu Palabra, en la Roca inamovible que eres tú mi Jesús, amén.
Lee la Palabra de Dios
“Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote”. Marcos 5:25-29
Reflexiona
Una semilla de fe es lo que Dios nos ha dado a cada uno para que podamos activarla creyendo en lo que Él dice en su Palabra. En Mateo 17:20 dice: “Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”.
Necesitamos creer lo que el Señor ya dijo. Para ello debemos ser perseverantes en la oración, dejando a un lado toda duda, y no desistiendo hasta que veamos la respuesta. El Señor no está buscando lo perfecto, está buscando lo disponible. Lo que quizás hoy parece pequeño en tu vida será el punto de partida para un milagro grande.
Trayendo nuestro pasaje de hoy, vemos que los médicos no habían tenido éxito en el caso de esta mujer, y ella había oído hablar de Jesús. Pero estaba enferma y haría lo que fuera para estar sana. El meterse entre la gente y confesarlo abiertamente era imposible, porque contaminaba a todos los que tocara, aunque fuera un roce mínimo; pero a pesar de todo decidió tratar de tocar la ropa de Jesús, en secreto. Cualquier judío devoto llevaba una ropa exterior con cuatro flecos, uno en cada extremo. Eran el emblema de todo judío piadoso. Fue uno de esos flecos lo que tocó la mujer escurriéndose entre la multitud; y en cuanto lo hizo sintió la emoción de saberse curada.
Esta mujer vino a Jesús como su última esperanza; había probado todas las curas que el mundo pudiera ofrecer y no había obtenido resultados. Muchas personas, como esta mujer, vienen en busca de Jesús cuando están al borde de la desesperación. Esta mujer usó la poca fe que tenía para buscar su sanidad.
Es importante entender que la fe tiene que crecer y madurar, y esto se logra con el tiempo, en nuestro caminar con Cristo. Pero, a Jesús le basta una pequeña fe, para obrar poderosamente en nuestra vida, porque Él es un Dios infinito, para el que nada es imposible. Por eso una fe pequeña es suficiente, porque no somos nosotros, sino el Dios grande y poderoso en quien nosotros depositamos esa fe.
Eso fue lo que hizo aquella mujer, activó su poca fe, con lo que había oído de Jesús y rompió todos los obstáculos que se interponían para acercarse a Él, y se decía: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”; tan solo la acción de tocar un poco de su túnica cambió toda su historia para siempre. Veamos Marcos 5: 30-34 “Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo en ella lo que había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”.
Esa mujer desahuciada, arruinada por la enfermedad, que estaba en soledad, repudiada por las leyes de ese momento, creyó en Jesús, activó su fe y obtuvo lo imposible.
¿Qué hay imposible para nosotros hoy? ¿Qué es lo que no podemos resolver por nuestras propias fuerzas? Soltemoslo hoy en las manos del Señor, tengamos fe, porque Él tiene el control de nuestras vidas y para Él nada es difícil, Él es nuestro Dios grande y poderoso que todo lo puede.
Alaba a Dios
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