Restauración y Regeneración

lunes, 29 de junio de 2026

01

Oración

Gracias, Señor, por restaurarme, regenerarme y darme vida eterna. Gracias por todo lo que has hecho, por lo que estás haciendo y por lo que harás. Amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. 2 Crónicas 7:14 “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”, Tito 3:5
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Reflexiona

La Palabra de Dios nos habla sobre tres cosas importantes que experimenta el creyente cuando se humilla delante del Señor: restauración, regeneración y renovación. Sobre la renovación pudimos profundizar en el devocional de ayer. Pero hoy fijaremos nuestra mirada en la restauración y la regeneración.

2 Crónicas 7:14 nos revela que cuando nos humillamos delante de Dios, oramos, buscamos su rostro y confesamos nuestros pecados, el Señor nos escucha, nos perdona y sana nuestra tierra. La palabra “sana” de la cual habla el pasaje tiene una connotación profunda, pues proviene del hebreo: rafá (רָפָא), que no solo significa de manera literal “curar”, sino también, restaurar.

Esa restauración la vemos reflejada en la vida de Lázaro. Aunque había muerto hacía cuatro días, cuando el Señor da la orden: ¡Lázaro, ven fuera!, el cuerpo de Lázaro comenzó una restauración inmediata. A partir de ese momento rápidamente la deformación e hinchazón, la proliferación de bacterias y la acción de los insectos, propias del proceso de descomposición que la ciencia describe en un cuerpo sin vida tras varios días, cesan y retroceden. Comienza entonces una recuperación completa de su organismo, devolviendo la integridad a su cuerpo y la funcionalidad a sus miembros. Y lo podemos asegurar pues la Biblia nos relata que Lázaro salió caminando de aquella tumba (Juan 11:43- 44).

En el Salmo 23:3, vemos reflejada esa misma obra en el alma. David declara: “Confortará mi alma”, reconociendo que solo Dios puede restaurar nuestros pensamientos y emociones.

Esa restauración ocurre en el cuerpo y en el alma, pero en el espíritu ocurre algo aún mayor, pues el creyente experimenta la regeneración. La regeneración es la obra sobrenatural de Dios mediante la cual Él vivifica espiritualmente a quien estaba muerto en sus delitos y pecados. Es el nuevo nacimiento del que habló Jesús en Juan 3:3-7 y que también afirma Santiago 1:18. No consiste en mejorar la vieja naturaleza, sino en recibir una nueva naturaleza en Cristo. Por medio de esta obra regeneradora, el Espíritu Santo produce esa nueva vida en nosotros, haciendo de nuestro corazón la morada de Cristo.

Como vemos, Dios obra de manera integral en nuestras vidas: restaura nuestra alma y nuestro cuerpo, reparando lo que el pecado, el sufrimiento o el fracaso han deteriorado; regenera nuestro espíritu, dándonos una nueva vida; y como vimos en el devocional de ayer, renueva nuestro entendimiento.

Hermanos, quizá algunos de nosotros aún no hemos experimentado esa restauración en nuestro cuerpo o en nuestra alma de la que Dios nos habla. Sin embargo, aun si no llegáramos a recibirla plenamente en esta vida, tenemos una esperanza mayor: cuando estemos en su Presencia seremos completamente restaurados, pues ya no habrá más muerte, ni lamento, ni llanto, ni dolor, porque las primeras cosas habrán pasado (Apocalipsis 21:4). Lo extraordinario es que la promesa de Dios no se limita a renovarnos, restaurarnos y regenerarnos sino que también seremos restituidos. De esta restitución hablaremos en el devocional de mañana.

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Alaba a Dios

Alabanza: Restauración y Regeneración
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