¡Ven fuera!

domingo, 28 de junio de 2026

01

Oración

Padre, que el poder de tu Palabra impacte hoy mi vida y transforme por completo todo mi ser. Amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!” Juan 11:43
03

Reflexiona

Lo que Jesús expresó a Lázaro fue una orden, y conforme a lo que Él ordenó, así sucedió: Lázaro resucitó. Al contemplar este suceso no puedo dejar de pensar que, espiritualmente hablando, ocurre algo semejante cuando el Señor nos llama a la conversión. Así como llamó a Lázaro a salir del sepulcro, también nos llama a salir de la condición en la que el pecado nos mantiene cautivos. Aquella tumba representa la condición del hombre sin Cristo. No es casualidad que el mismo Jesús utilizara esta figura al decir que los fariseos y maestros de la Ley eran como sepulcros blanqueados (Mateo 23:27). El pecado mantiene al ser humano encerrado en una condición de muerte espiritual, de la cual solamente Cristo puede liberarlo.

Gracias a la fe que hemos depositamos en Jesús, tú y yo hemos sido liberados de la esclavitud del pecado. Sin embargo, aun cuando el Señor nos ha hecho libres, en ocasiones, seguimos refugiándonos en “cuevas”: lugares de temor, desánimo, incredulidad o fortalezas mentales que nos impiden vivir plenamente la libertad que Cristo nos ha dado. Por eso, a través de este devocional, el Señor quiere decirnos: ¡Ven fuera!.

En diferentes momentos de las Escrituras vemos al Señor llamando a personas a salir de la condición en la que se encontraban. Uno de esos casos es el de Elías. Después de huir por temor, terminó refugiándose en una cueva, dominado por la tristeza y el desánimo. Entonces Dios le dijo: “Sal fuera” (1 Reyes 19:11a). Aunque las circunstancias eran diferentes, uno se encontraba en un sepulcro y el otro en una cueva, ambos estaban encerrados en una realidad de la que no podían salir por sus propias fuerzas, y en ambos casos Dios los llamó a salir. De la misma manera, hoy el Señor nos exhorta a permitirle derribar aquellos pensamientos, fortalezas y esquemas mentales que nos mantienen cautivos para conducirnos a una transformación.

Romanos 12:2b nos da la clave para experimentar esa transformación: “la renovación de nuestro entendimiento”. El arrepentimiento nos conduce precisamente a ella, pues implica abandonar nuestra propia manera de pensar para comenzar a pensar conforme a la voluntad de Dios.

Las Escrituras nos revelan que, cuando conocemos la verdad, que es Cristo, somos hechos libres (Juan 8:32). Cuando decidimos creer lo que Él nos dice por medio de su Palabra y permitimos que Dios derribe todo lo que se levanta en contra de su Voluntad, el Espíritu Santo renueva nuestro entendimiento; es decir, reemplaza nuestros viejos pensamientos por los que proceden de Cristo. De esta manera, día tras día, el pensar de Cristo se refleja cada vez más en nuestras vidas gracias a la fe y a la obra del Espíritu Santo.

Hermanos, que Lázaro saliera del sepulcro no era el final del milagro, sino el comienzo de una nueva etapa. De la misma manera, sucede con nosotros: cuando Cristo nos llama a dejar atrás nuestra antigua condición, también da inicio a una nueva obra en la que la restauración ocupa un lugar fundamental. Precisamente sobre esta restauración profundizaremos en el próximo devocional.

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Alaba a Dios

Alabanza: ¡Ven fuera!
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