La gestión o administración del alma
jueves, 21 de mayo de 2026
Oración
Padre, ya que he vuelto a casa, que mi alma exprese a Cristo mismo, para glorificarte y hacer tu voluntad en todo, que Cristo sea formado en mi plenamente y pueda experimentar todo el amor fluyendo en lo que pienso, siento y decido diariamente. Que sea tu obrar y no el mio, tu criterio no mi propia sabiduría humana. Amén
Lee la Palabra de Dios
“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”, Colosenses 3:2 “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.”, 1 Pedro 1:22-23
Reflexiona
El alma expresa a quien la gobierna. (Lucas 6:45, Proverbios 23:7). El alma son nuestros pensamientos, sentimientos y voluntad. Los creyentes en Cristo tenemos “espíritu, alma y cuerpo”, en ese orden y esto no es aleatorio, es la precisión de la escritura: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”, 1 Tesalonicenses 5:23 En el diseño original del Edén, el espíritu que Dios le dio al hombre, estaba en perfecta dependencia del Eterno y gobernaba al alma y ésta a su vez al cuerpo, ese era el orden diseñado por Dios, que reflejaba la gloria de Dios (sus atributos).
Pero la astucia de la serpiente llevó al hombre a ser seducido por sus propios deseos y engañado por sus propios sentidos. Lo llevó al plano del alma y allí perdió el hombre su conexión con Dios, renunció a lo espiritual y se concentró en sí mismo. A través de los sentidos, el maligno, tentó al hombre para introducir una idea mortal: ser su propio dios. “sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” (Génesis 3:5).
Hoy en día entendemos esto como la idea de hacer las cosas a mi manera, lo que yo pienso, lo que yo siento, lo que yo decido. Pero la puerta de entrada fueron nuestros sentidos: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” (1 Juan 2:16), en paralelo con Génesis 3:6: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.”, ¿De dónde proviene a lo que le prestamos atención? Esto es determinante. El hombre impulsado por el maligno, fijó su mirada en lo temporal, escogió el árbol de la ciencia del bien y del mal, y no al árbol de la vida. El punto de esta enseñanza, es que el creyente también puede ser engañado, sus sentidos pueden ser extraviados de la sincera, verdadera doctrina de Cristo y ser conducido por su antigua naturaleza y por lo tanto expresarla, lo que conocemos como vivir en la carne, o ser atrapado en sus propios deseos: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” (2 Corintios 11:3). Para “sentidos extraviados” se usa una palabra que significa algo que se corrompe y por tanto nos desviemos de nuestra fe al Señor Jesucristo.
Deberíamos estar mucho más sensibles y atentos a nuestros sentidos espirituales en vez de los sentidos del alma y cuerpo, pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos (2 Corintios 5:7).
Seguiremos ahondando en este entendimiento del alma, como lo testifican y enseñan las Sagradas Escrituras.
Alaba a Dios
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