Respondiendo al llamado de Dios. Parte 4.

sábado, 7 de noviembre de 2026

01

Oración

Señor Jesús, ¡qué obra tan preciosa la que hiciste en aquella cruz! Es tan perfecta que solo brota de mi corazón una profunda gratitud, pues solo por Ti puedo acercarme confiadamente al Padre. Espíritu Santo, llévame a la cruz y permíteme contemplar esta obra de Jesús, pues cada vez que te veo, Jesús, recuerdo que puedo volver a Ti, a tus brazos de amor. Amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre” 2 Samuel 12:5-7a.
03

Reflexiona

Es claro que, si Dios puede usar a otras personas para llamarnos al arrepentimiento, también puede usar a otro creyente para confrontarnos con la finalidad de hacernos regresar a los brazos del Padre. La historia de David es un claro ejemplo de esto. Cuando nuestro propio orgullo nos ciega, podemos llegar a perder de vista nuestro pecado. Por eso, Dios, en Su infinita bondad y misericordia, permite que otro hermano en la fe nos confronte para que no persistamos viviendo en el error (2 Samuel 12:1-7a).

¡Cuánta misericordia tiene Dios con cada uno de nosotros! Por eso, el libro En busca de Dios señala que “el hecho de que Dios revele el pecado en nuestras vidas y nos inste a arrepentirnos es evidencia de su gran amor, misericordia y bondad. El pecado conduce a la destrucción aún en la vida de un cristiano”. En efecto, mientras el pecado nos conduce a la destrucción, el arrepentimiento nos lleva al Señor, donde encontramos perdón, restauración y transformación en nuestro entendimiento, sentimientos y acciones.

Por medio de estos devocionales, el Señor nos está enseñando que podemos acercarnos a Él, cualquiera que haya sido nuestro pecado. Esto no se debe a que seamos dignos, sino a la obra preciosa de Jesucristo, en quien hemos creído. Por eso, el apóstol Juan, en una de sus cartas, nos recuerda: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” 1 Juan 2:1-2.

Aquí el Espíritu Santo nos recuerda que Cristo es la propiciación por nuestros pecados; es decir, que Jesucristo pagó la deuda que tú, yo y toda la humanidad teníamos pendiente con Dios. Él, sin tener pecado ni haber cometido pecado alguno, cargó con nuestros pecados y murió en una cruz. Mediante esta obra, satisfizo por completo la justicia que Dios exigía. Por eso, incluso cuando hayamos pecado, debemos recordar lo que Cristo hizo por nosotros. La culpabilidad puede llevarnos a alejarnos de Dios, a victimizarnos y a permanecer en tristeza y engaño; sin embargo, el Espíritu Santo, por medio del arrepentimiento, nos conduce nuevamente al Señor, nos da convicción de nuestro pecado y nos recuerda que la obra de Jesús fue consumada en la cruz. Esta es la esperanza de todo aquel que haya creído en Él y lo haya recibido como Señor y Salvador: en Cristo tenemos perdón y acceso a la restauración que solo Dios puede dar.

Es claro que, cuando Dios nos llama al arrepentimiento, espera que respondamos a Su llamado. Pero ¿cómo debemos responder? Sobre esto continuaremos meditando en el devocional de mañana.

04

Alaba a Dios

Alabanza: Respondiendo al llamado de Dios. Parte 4.
05

Comparte

¿Te bendijo este devocional? Compártelo con alguien que lo necesite.