Sinceridad y veracidad. Parte 2.

lunes, 2 de noviembre de 2026

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Oración

Gracias, Jesús, por revelarte a mi vida, pues bien lo dice tu Palabra: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Has traído libertad a mi vida y a mi mente y, por medio de tu Espíritu Santo, me sigues encaminando a andar en la verdad y en la sinceridad que eres tú, mi Jesús. Te alabo y te bendigo porque sé que esta obra que has comenzado, la perfeccionarás y la llevarás a término en mi vida hasta que tú vuelvas. Amén.
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Lee la Palabra de Dios

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” Juan 16:13-14.
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Reflexiona

El Espíritu Santo de Dios es el único que nos conduce a la veracidad, a la verdad. Y ¿qué es la verdad? La verdad no es un concepto, no es algo relativo ni depende de la perspectiva con que se mire. La verdad es una persona, es absoluta y esa verdad está en Jesucristo, pues Jesucristo es la Verdad.

Jesús mismo se definió como la Verdad en Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Cuando el Señor manifiesta que Él es la verdad, está utilizando la palabra griega ἀλήθεια (alétheia), que significa “veracidad” o “verdad”. En el devocional del día de ayer vimos que la RAE define la veracidad como la “cualidad de alguien veraz; alguien que dice, usa o profesa decir siempre la verdad”.

Este concepto de veracidad lo reafirman las Escrituras, pues nos muestran que Dios, en esencia, en su naturaleza, tiene como distintivo o cualidad la veracidad, pues sabemos que Él no miente: “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19).

La sinceridad y la veracidad, como lo hemos dejado claro, no encuentran su fuente perfecta en el ser humano, sino en Cristo. Por lo tanto, debemos entender que, para que estas cualidades puedan manifestarse en nuestras vidas, necesitamos que quien se refleje en nosotros sea el Señor. El Espíritu Santo de Dios es quien nos conduce a Cristo, quien es la Verdad, y obra en nosotros para que aprendamos a vivir de acuerdo con ella, con sinceridad y veracidad.

La buena noticia es que esto es posible, pues la obra de Cristo, en la cual hemos creído, nos dice que ni tú ni yo somos quienes vivimos ahora, sino que quien vive en nosotros es Jesucristo (Gálatas 2:20).

Lo maravilloso de conocer la obra de Dios es que, cuando creemos en lo que el Señor hizo, el Espíritu Santo opera en nosotros por medio de la fe. Por ende, es Él quien permite que, de manera práctica y real, experimentemos lo que significa ver el carácter de Cristo manifestarse en nosotros. Cuando permitimos que Cristo gobierne nuestras vidas, entonces disfrutamos de lo que significa andar en sinceridad y veracidad y, por supuesto, otros también lo pueden ver y disfrutar.

Cuando vemos esto, entendemos que, por más esfuerzos que hagamos por ser sinceros o veraces, terminaremos fracasando si intentamos hacerlo separados de Cristo, pues podríamos ser sinceros sin basar nuestros pensamientos y sentimientos en una verdad absoluta o, hablar con verdad sin que exista sinceridad en nuestra manera de pensar y actuar. El único que nos conduce a la Verdad es el Espíritu Santo de Dios. Un ejemplo de esto lo encontramos en Pablo, quien pasó de ser un perseguidor de cristianos a ser seguidor de Cristo, aprendiendo a andar en verdad y en sinceridad.

Pero ¿cómo podemos reconocer si estamos viviendo en sinceridad y veracidad? ¿Es posible que nos consideremos sinceros y, aún así, no reconozcamos nuestra verdadera condición? Descubre la respuesta en el devocional de mañana.

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Alaba a Dios

Alabanza: Sinceridad y veracidad. Parte 2.
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