La vida es sagrada
lunes, 26 de octubre de 2026
Oración
Padre, gracias porque Cristo es mi vida, y ahora vivo para traer a otros a ti, para que seamos un cuerpo, llenos de tu amor, de un mismo Espíritu de vida, que se aman y cuidan con afecto entrañable y muestran así los atributos que glorifican tu nombre, amén
Lee la Palabra de Dios
“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”, Mateo 5:21-24
Reflexiona
Un principio trascendental y básico que debemos saber: Ser hechos a imagen y semejanza de Dios, es el argumento más claro para no quitar arbitrariamente una vida, como dice Génesis 9:6: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.”. Por implicación, Dios delega a la sociedad (autoridad humana) la responsabilidad de hacer justicia, pero no es venganza personal, sino orden moral.
La vida humana no debe ser quitada injustamente porque refleja la imagen de Dios, el hombre porta la imagen divina, lo que le da un valor único; sin embargo, la misma Biblia reconoce contextos donde el uso de la fuerza puede ser moralmente legítimo para preservar la vida y la justicia. Por ejemplo en Éxodo 22:2 “Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte”
Dios es el autor y sustentador de la vida; por tanto, el ser humano no es su dueño absoluto, sino un agente moral responsable llamado a actuar conforme a ese diseño. Por tanto, no sólo está prohibido quitarla injustamente, sino también cultivar en el corazón cualquier actitud que destruya esa imagen, como el odio, el desprecio o la venganza, como nos lo enseñó el Señor Jesús:
“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”, (Mateo 5:21-24); es decir, el Señor Jesús está explicando aun más profundamente el concepto de asesinato y hallando la raiz, la fuente de esta maldad: el corazón del hombre, “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” (Mateo 15:19)
Finalmente, concluimos que la vida es sagrada (imagen de Dios, Génesis 9:6). No debemos asesinar o matar injustamente (Éxodo 20:13), pero sobre todo, ni siquiera cultivar el odio que lleva a matar (Mateo 5:21-24). Para que podamos cumplir esto, necesitamos entregar nuestro corazón a Cristo, para que su amor repose en nuestro corazón y veamos en nuestro prójimo la imagen de Jesús, pues todos al creer somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros (Romanos 12:5).
Alaba a Dios
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