Enfocarse en lo eterno
martes, 1 de septiembre de 2026
Oración
Dios de gracia y amor, revísteme de tu presencia, de tu carácter, de tu amor y compasión, para poder llevar el mensaje de salvación a este mundo que tanto te necesita, quiero colocar mi mirada en lo eterno, entendiendo que mi vida está segura en ti, porque está escondida en ti, mi Cristo. Viendo lo que está sucediendo haz que mi corazón no sea indiferente con aquellos que todavía no te conocen, que la luz del evangelio llegue a ellos para que tengan la seguridad de una vida eterna. En el Nombre de Jesús, amén.
Lee la Palabra de Dios
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Colosenses 3:1-4
Reflexiona
Con tanto ruido del mundo, avances tecnológicos y exceso de información por todos los medios de comunicación y redes sociales, se nos hace difícil determinar dónde enfocar nuestra energía y nuestro tiempo. Cada día es un sin fin de noticias sobre desastres naturales, guerras, conflictos sociales, y demás, que tratan de robarnos la paz que tenemos en Cristo, es el momento de enfocarnos en lo que realmente importa. Todos estos acontecimientos están mostrándonos claramente lo que Jesús una vez predijo en Mat 24:6-8 “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”.
Jesús con estas palabras advierte que las señales como: presencia de falsos “cristos”, guerras, rumores de guerra, hambre, pestes, terremotos, etc. serán una prueba de la proximidad del fin de este siglo, anunciando principios de dolores como los de un parto, que como seguidores de Cristo tendremos que afrontar antes de su Segunda Venida.
En el libro de Colosenses el apóstol Pablo nos ofrece una guía sobre dónde poner nuestra atención, para no dejarnos turbar por todo lo que acontece y nos invita a buscar “las cosas de arriba”, es mirar a lo eterno y celestial. También significa “vestirse como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”, Colosenses 3:12.
Porque hemos resucitado con Cristo, esto nos hace partícipes de su vida resucitada y por eso nuestras vidas han de ser diferentes. Pablo no presenta estas virtudes como un medio para ganar el favor de Dios, sino como la evidencia de una vida transformada por Él. El creyente está llamado a revestirse de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, porque primero ha sido escogido, santificado y amado por Dios. La nueva vida en Cristo produce un nuevo carácter. Nuestros intereses deben estar enfocados en Cristo, nuestros anhelos, nuestras mentes, nuestros sueños y ambiciones han de estar centrados en el Reino celestial donde Él gobierna, al cual pertenecemos y donde Cristo está sentado como Rey en el lugar de honor.
Nuestra nueva vida está escondida con Cristo en Dios. Con Cristo porque estamos unidos con Él en su muerte y resurrección, y en Dios porque Cristo mismo tiene su “ser” en Dios y aquellos que pertenecemos a Cristo también. Esta vida escondida será totalmente manifiesta el día que el Señor venga por segunda vez porque significará compartir la semejanza de Cristo y la recepción de un cuerpo resucitado y glorioso, como el de Él.
Pero ahora, como iglesia, hay tanto qué ofrecer y atender en esta tierra mientras esperamos el regreso de Cristo. Cada uno de nosotros ha recibido dones únicos y “enfocarnos en las cosas de arriba”, también es servir con todo lo que el Señor nos ha dado para suplir las necesidades que nos rodean, dedicando nuestro tiempo y energía a llevar el evangelio, con amor, compasión y poder donde quiera que estemos.
Alaba a Dios
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