Rendición
jueves, 11 de junio de 2026
Oración
Padre, cada vez me revelas verdades extraordinarias. ¡Cuán maravilloso es conocer y creer que tu Hijo Jesús vive en mí! ¡Y cuán bello es verlo obrar a través de mi vida a medida que me rindo a ti!, amén.
Lee la Palabra de Dios
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu”; Efesios 3:14-16
Reflexiona
Pablo entendió que como creyentes, lo que debemos hacer es rendirnos ante Dios, y el doblar rodillas nos lleva a comprender esa rendición, pues es una manifestación de sumisión y de reconocimiento de la autoridad de Dios. Hacia allá nos quiere llevar el Señor: a rendirnos delante de Él, a soltar el control y a cortar todas esas raíces aéreas que solo producen en nosotros ira, contiendas, amargura, etc., y que están ahí, no para hacernos depender de Dios, sino para intervenir y supuestamente “ayudar a Dios”.
La rendición le permite al creyente experimentar el actuar del Espíritu Santo. Por eso, en el versículo 16, el apóstol Pablo, siendo inspirado por Dios, utiliza la palabra “poder”, que proviene del griego δύναμις (dúnamis), y que hace referencia a la fuerza y al poder del Espíritu Santo en la vida del creyente. Y es que el Espíritu Santo es el único que puede fortalecer nuestro hombre interior.
¿De qué se trata esto de que el hombre interior sea fortalecido y a quién hace referencia cuando dice “el hombre interior”?, ¿Acaso se refiere a nosotros?; debemos entender que el Espíritu Santo no ha venido a fortalecer al yo, ni al hombre carnal; ha venido para que la vida y el carácter de Cristo se manifiesten cada vez más en nosotros.
¿Cómo ocurre esto? por medio de la fe. Cuando permanecemos arraigados y cimentados en Cristo, como dice el versículo 17, entonces sucede algo extraordinario, algo poderoso: el Espíritu Santo obra en nosotros para que Cristo ocupe el lugar que le corresponde y se haga cada vez más evidente en nuestra manera de pensar, de hablar y de actuar.
Y cuando Cristo es quien se manifiesta en nosotros, permanecemos firmes. Pero esta firmeza no proviene de nuestro esfuerzo ni de las raíces aéreas que intentamos hacer crecer para sostenernos por nosotros mismos. ¡No!, proviene del poder del Espíritu Santo obrando en ti y en mí.
Además de la rendición, Pablo destaca la importancia de que, como creyentes, estemos arraigados y cimentados en el amor. Pero, ¿qué implica realmente esto? Lo descubriremos en el devocional de mañana.
Alaba a Dios
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