Labios prudentes

lunes, 15 de junio de 2026

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Oración

Señor, que de mis labios broten tus palabras, pues ¡qué honor es poder reflejarte, incluso en mi manera de hablar! Espíritu Santo de Dios, llévame cada día a menguar para que Cristo crezca en mí, porque he visto que, cuando tomo el control de mi vida, de mi boca salen palabras que contaminan. Amén.
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Lee la Palabra de Dios

“Hay oro y multitud de piedras preciosas; Mas los labios prudentes son joya preciosa”. Proverbios 20:15
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Reflexiona

¡Qué hermoso pasaje el que Dios nos regala en este devocional, y cuán bella es la comparación que hace el Señor entre los labios prudentes y las joyas preciosas! Sobre todo para nosotros, que impulsivamente, en ocasiones, terminamos hablando y diciendo aquello a lo que el orgullo nos guía.

Gracias al Señor y a su Palabra, estamos siendo tratados en esta área, pues, como vimos en devocionales anteriores, para que se manifieste esa obra de Jesús en nosotros, necesitamos reconocer nuestra condición pecadora. Como lo expresó Jesús: “los sanos no tienen necesidad de médicos, sino los enfermos” (Mateo 9:12).

La pregunta que surge en estos momentos es: ¿por qué damos rienda suelta a nuestros labios en vez de guardarlos? Quizás, porque pensamos que si no decimos las cosas, luego explotaremos; o puede ser porque queremos tener la razón o quedarnos con la última palabra para así “ganar” una discusión. Pensamientos que, como vemos, están viciados de orgullo.

Pero ¿a qué nos invita la Palabra de Dios? A guardar nuestra boca, nuestras palabras, y, sobre todo, a pensar antes de hablar, pues las Escrituras nos dicen que “los pensamientos con el consejo se ordenan” (Proverbios 20:18a).

Hermanos, lo que nos resta hacer en momentos en los que nos vemos tentados a responder desde el orgullo, es a detenernos y buscar el consejo de Dios, pues sólo Él es capaz de ordenar nuestros pensamientos y sentimientos para alinear nuestra voluntad con la suya. Cuando vayamos a la Presencia de Dios, expongamos nuestra causa, como lo hizo David, expresemos la razón de nuestro disgusto, lo que esa situación genera emocionalmente en nosotros y todo lo que haya en nuestro corazón, pues sabemos que podemos echar nuestras cargas delante de Dios (Salmos 142:2; 55:22a).

Pero también debemos tomarnos un tiempo para escuchar al Señor, pues seguramente cuando lo hagamos, nos recordará que hemos sido llamados a menguar y a permitir que Cristo crezca en nosotros, para que entonces sean sus palabras las que fluyan de nuestros labios: palabras sabias, que edifican y que están llenas de amor, perdón y misericordia.

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Alaba a Dios

Alabanza: Labios prudentes
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