Raíces aéreas. Parte 1
lunes, 8 de junio de 2026
Oración
Padre amado, permite que tu Palabra se haga realidad en mi vida. Quiero permanecer firme, creyendo y confiando solamente en Ti, cimentado en tu verdad y dependiente de tu gracia. Amén.
Lee la Palabra de Dios
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”. Juan 15:1 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:5
Reflexiona
En los viveros es muy común encontrar diversos tipos de plantas, y una de ellas, en especial, ha llamado mi atención: la Monstera, o también conocida como costilla de Adán.
La Monstera es considerada una planta semitrepadora; lo que quiere decir que, naturalmente, busca enredarse en soportes, paredes o árboles para ayudarse a mantenerse erguida. ¿Cómo lo logra? por medio de sus raíces aéreas, pues ellas son las que se adhieren a los tutores o superficies verticales para mantener a la planta recta.
Te preguntarás: ¿qué tiene que ver esta planta con cada uno de nosotros?, pues bien, el Señor nos revela, por medio de este ejemplo, que tú y yo nos comportamos, en ocasiones, como las Monsteras, pues, al igual que aquellas plantas, dejamos salir en nosotros raíces aéreas para tratar de “ayudar” a Dios.
Este modelo de comparar al creyente con un tipo de planta no es algo nuevo, pues Jesús lo hizo en Juan 15:1-17. En este pasaje vemos cómo les habla a sus discípulos acerca de la vid, una planta muy conocida para los de aquella época. Si recordamos un poco el relato bíblico, encontraremos a Jesús aclarando los roles que a cada quién le pertenecían: Él, identificándose como la vid verdadera, el tallo o base de la cual toda hoja depende; al Padre, manifestando que era el Labrador, el cuidador de la planta, el encargado de regarla, de darle los nutrientes necesarios, de podarla y limpiarla; y al creyente, relacionándolo con los pámpanos, las hojas que dependen del tallo, de la raíz y del cuidado del Labrador.
Lo maravilloso de que Jesús defina los roles que a cada uno de nosotros nos corresponde, nos da descanso, pues, como pámpanos, logramos entender que para que demos fruto no necesitamos esforzarnos ni “ayudar” a la vid, a Jesús. El fruto emerge en los pámpanos debido a la naturaleza de la vid, pues esta es la que da el fruto y la que permite que se vea reflejado en los pámpanos.
Hermanos, aunque cada uno de nosotros ya conoce esta Palabra, debemos reconocer que, en ocasiones, nos comportamos como aquellas Monsteras de las que hablamos al inicio. Cuando dejamos de depender de Dios, permitimos que en nosotros nazcan raíces aéreas porque suponemos que Dios necesita “ayuda”, cuando la realidad es otra, pues su Palabra nos aclara y afirma que Dios no necesita ayuda (Hechos 17:24-25).
¿Quieres entender de manera gráfica cómo se ven esas raíces aéreas en tu vida? No te pierdas el devocional de mañana.
Alaba a Dios
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