Compartir de nuestra esperanza viva

miércoles, 13 de mayo de 2026

01

Oración

Padre, que sea Cristo en mí, amando, llamando y mostrando tu misericordia, glorificando tu nombre, cuando llama a los perdidos al arrepentimiento con toda paciencia y doctrina, sin contienda pero mostrando el fruto del Espíritu Santo. Amén
02

Lee la Palabra de Dios

“sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”, 1 Pedro 3:15
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Reflexiona

Compartir el evangelio o la nueva noticia, no es hablar de alguien que está lejano, tampoco se trata de invitar a una religión o a cumplir un conjunto de instrucciones, es decir, el evangelio no es una enseñanza para actuar conforme a una lista de comportamientos, el evangelio es vida y es espíritu.

Se trata de una persona viva que hace habitación en nosotros. Y esa vida expresa un comportamiento santo.

Invitamos entonces a un nuevo nacimiento, porque “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” (Juan 3:6-7),

Esto lo dice el Señor debido a que la carne no puede cumplir las instrucciones de Dios, puede parecer pero no ser: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos; Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”, Mateo 7:21-23.

Observemos que estos hombres parecían creyentes, incluso hacían milagros, pero Dios nunca los conoció, porque el conocimiento bíblico es la unión con Cristo: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.” (1 Corintios 6:17). Esta unión con Cristo es una unión vital, orgánica. (Efesios 5:31-32)

Así que cuando compartimos de Cristo compartimos su vida: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12). Si las personas están muertas sin Cristo, ¿cómo le transferimos vida eterna a esa persona?

La clave está, en que más que hablar de una persona, expresamos esa vida que nos habita, que está latiendo en nosotros, no solo le contamos lo que hizo Cristo sino que le mostramos a Cristo mismo. Su fruto, su carácter, se muestra espontáneamente en todo el que cree. Es decir, sí hay que hablar, pero sobre todo mostrar su fruto en nosotros, pues fuimos sellados con su Espíritu cuando creimos: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,” (Efesios 1:13),

Entonces esencialmente al compartir el evangelio mostramos a una persona viva que nos ha dado vida nueva y damos testimonio de “la esperanza que hay en nosotros” como dice 1 Pedro 3:15b.

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Alaba a Dios

Alabanza: Compartir de nuestra esperanza viva
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