Plantados en la presencia de Dios. Parte 2
jueves, 9 de abril de 2026
Oración
Mi amado Señor, que el justo florezca como la palmera significa estar firme por encima de las circunstancias de la vida. Que veas en mí, un hijo recto, fuerte y sólido que ha aprendido a confiar y a esperar en ti cualquiera que sea la temporada que esté viviendo. Solo por tu Santo Espíritu tengo la fortaleza y vitalidad que necesito para seguir adelante, produciendo siempre frutos espirituales, siendo fiel hasta el final y enseñando a mi generación la experiencia de servicio a ti, desafiándolos a crecer en tu Presencia y florecer espiritualmente. Amén.
Lee la Palabra de Dios
“Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia”. Salmos 92:14-15
Reflexiona
Ayer aprendimos a través del Salmo 92:12-13, que florecemos y damos fruto plantados en la Presencia de Dios. La experiencia de vida de un creyente fiel a Dios debe ser que fructifique aun en la vejez, siendo ejemplo para aquellos que apenas están creciendo. Los versículos del 14 al 15 nos describen la prosperidad, fortaleza y longevidad espiritual del justo, que, como el cedro del Líbano, sigue dando fruto, manteniéndose fuerte, vigoroso y testificando de la rectitud de Dios, porque ha permanecido plantado en la casa de Dios, en su Presencia, dependiendo de Él en cada temporada de su vida.
Tanto la palmera, como el cedro del Líbano representan la rectitud, la victoria y la capacidad de florecer en ambientes difíciles, como en el desierto, porque en sus años de caminar con el Señor ha florecido no por sus fuerzas, sino por la gracia que recibe. Estos árboles, con lo que es comparado, simbolizan la fuerza, la firmeza, la longevidad porque ha aprendido a confiar y esperar en Dios en medio de los desafíos de la vida. Recordemos lo que dice Isaías 40:29-31 “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.
El verdadero crecimiento no ocurre fuera de la voluntad de Dios, sino en la comunión continúa con Él. Estar plantados significa estabilidad, perseverancia y cercanía a Dios, que es la fuente de vida que asegura la vitalidad espiritual.
A diferencia de las filosofías de este mundo, donde la vejez se ve muy a menudo como una etapa de decadencia, la Palabra de Dios promete que el justo seguirá dando fruto aun en su vejez, porque la energía espiritual y la vitalidad interior no dependen de él, sino del poder del Espíritu Santo que habita en su vida, incluso cuando su cuerpo físico envejece, como lo dice 2 Corintios 4:16 “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”.
Hemos sido trasplantados al reino de Dios y colocados en una nueva posición por el plan y trabajo del Jardinero, nuestro Señor Jesucristo. Nos ha adoptado como sus hijos y nos ha otorgado la seguridad de estar en su Presencia. Por eso ahora más que nunca debemos anunciar más fuerte que Jesús es nuestro Señor y Salvador, nuestra Roca fuerte y entre más años de edad tengamos, más determinación espiritual debemos tener para proclamarlo.
Entonces no hay excusas para cumplir con nuestro objetivo final en esta tierra, tanto jóvenes como ancianos, debemos entender que nuestro propósito es anunciar que Dios es recto, que es fiel y justo. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Refleja nuestra vida la rectitud de Dios ante los demás, sin importar la edad? ¿Qué frutos estamos dando hoy?
Alaba a Dios
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