Volver a lo esencial
martes, 7 de abril de 2026
Oración
Amado Jesús gracias por la sencillez con la que viviste en esta tierra, enseñando para hacer discípulos con parábolas y cosas prácticas de la vida cotidiana, por corregir con paciencia y sacar espacios para restaurar y transformar la vida de los que caminaron contigo. Oro por la iglesia de este siglo para que vuelva a la esencia, a ti Cristo y a tus enseñanzas. Que podamos compartir la vida en comunidades pequeñas, respondiendo con actos de servicio que muestren tu amor a otros, y así cada día, muchos quieran añadirse a tu iglesia, amén.
Lee la Palabra de Dios
“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Hechos 2:41-47
Reflexiona
Cuando decimos que debemos volver a lo esencial, es redescubrir la sencillez del evangelio que Jesús nos enseñó y que de pronto nosotros lo hemos complicado. El evangelio es más que planes, eventos, retiros, conferencias, actividades, reuniones, servicios, encuentros; porque en medio de esas cosas hay movimiento, estamos trabajando, pero muchas veces no hay vida en lo que hacemos, porque estamos tan ocupados haciendo tantas cosas para Dios que nos hemos olvidado de Él, lo más vital de nuestra vida. Estamos tan saturados de programas, pero tan faltos de transformación. Necesitamos balancear nuestro hacer para Dios con nuestro estar con Dios.
Primero debemos seguir a Jesús respondiendo al llamado personal que Él nos hace “sígueme”, como lo hizo con Felipe, veamos Juan 1:43: “El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme”. Y en la medida que le seguimos, disfrutar de su amor y de su gracia mientras enseñamos a otros a seguirlo; como Jesús, hacer discípulos: caminando con ellos, viviendo con ellos, enseñándoles la Palabra y sobre todo con acciones. Él modeló el evangelio haciéndolo accesible, construyó relaciones y mientras enseñaba, corregía y transformaba sus vidas.
Es un llamado a vivir en comunidades discipulares como lo vemos en la iglesia pionera. Compartir esta vida es una experiencia juntos entre semana, no en un salón de clases o en un auditorio cada ocho días; en las casas, involucrándonos en nuestras realidades, orando unos por otros, cuidándonos, ayudando al que lo necesita y compartiendo en una estrecha asociación de hermandad.
Sigamos el ejemplo de los discípulos de Jesús, que cambiaron el mundo con una fe sencilla y real, con una verdadera vida juntos en comunión: comían, conversaban sobre la doctrina aplicándola a la vida práctica, partían el pan o celebraban la santa cena, predicaban constantemente el evangelio y oraban fervientemente unos por otros. Era una iglesia simple, y a eso nos está llamando el Señor: a simplificar lo que hemos vuelto complejo y vacío.
Cuando volvemos a lo esencial todo se da de una manera orgánica y natural, amar a Dios en lo secreto, teniendo tiempos de comunión con Él y en su Palabra. Donde nuestro amor a Dios se vuelva en amor a los demás, perdonando, compartiendo, enseñando, acercándonos a los que nadie se quiere acercar, lavándole los pies al que necesita ser lavado, escuchando y sirviendo de una manera tangible. Para ir formando la imagen de Cristo en nosotros y así, invitar a otros a que imiten lo que ven de Cristo en nosotros.
“Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. La multiplicación se hará de manera espontánea porque muchos querrán vivir esa vida de comunidad en este tiempo de tanto individualismo y frialdad.
Alaba a Dios
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