Respondiendo al llamado de Dios. Parte 1

miércoles, 4 de noviembre de 2026

01

Oración

Amado Padre, gracias por no dejar de llamarme al arrepentimiento, porque sé que, si no fuera por ti, estaría con mi corazón endurecido y viviendo conforme a la voluntad de mi carne. Gracias por tu misericordia y por recordarme, por medio de tu Palabra y la guía de tu Santo Espíritu, esa obra preciosa que hizo tu Hijo Jesús, la cual me recuerda que debo vivir en el Espíritu. Amén.
02

Lee la Palabra de Dios

“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” Hebreos 12:11
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Reflexiona

“En busca de Dios” es un estudio bíblico que hemos estado realizando con un puñado de mujeres de nuestra iglesia. En dicho libro he podido encontrar perlas; una de ellas es cómo respondemos cuando Dios nos llama al arrepentimiento.

En este libro, los escritores señalan que: “el llamado de Dios hacia el arrepentimiento no será necesariamente una experiencia fácil o placentera”, y, cuando leía esta parte, el Señor me remitía a las Sagradas Escrituras, pues ellas nos confirman que esto es totalmente cierto; cuando Dios nos llama al arrepentimiento, también podemos experimentar Su disciplina, porque, como buen Padre que es, nos corrige y encamina cuando, por alguna razón, nos hemos desviado de sus veredas (Hebreos 12:6-7; Proverbios 3:11-12). La Biblia nos muestra que la disciplina no es algo que resulte agradable al creyente cuando la experimenta. Así lo manifiesta Hebreos 12:11a: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza”. Y aunque al inicio esto es así, Dios nos da una esperanza por medio de este pasaje, pues nos dice que, aunque va a haber disciplina, también habrá fruto: un fruto precioso que permanece, el fruto del Espíritu Santo de Dios (Hebreos 12:11b; Gálatas 5:22-23).

¿Cómo nos llama Dios al arrepentimiento? Los autores de este libro dicen que: “a veces Él utiliza nuestra propia conciencia para darnos convicción”. Cuando vemos este concepto bajo la luz de las Escrituras, encontramos que el Espíritu Santo obra en nuestro interior, convenciéndonos de nuestro pecado y utilizando nuestra conciencia para hacernos reconocer nuestra conducta. Él cumple esta función tan importante en nuestras vidas: al redargüirnos, corregirnos e instruirnos por medio de la Palabra de Dios. Todo esto con la finalidad de que volvamos a Dios, lo busquemos, nos arrepintamos de nuestra conducta y nos apropiemos de la obra de Jesús, que nos lleva a la restauración y a la renovación de nuestro entendimiento para la gloria de Su Nombre (2 Timoteo 3:16-17; Juan 16:8-11, 13-15, Romanos 12:2).

Es importante comprender que el arrepentimiento no consiste únicamente en reconocer que hemos pecado o sentir tristeza por nuestra conducta, sino en volvernos a Dios, reconociendo nuestra necesidad de Él y confiando en la obra redentora de Cristo. No se trata simplemente de abandonar una conducta equivocada, sino de permitir que nuestra vida sea transformada por aquel que nos llamó a caminar en una vida nueva (2 Corintios 7:10; Romanos 6:4).

A través de lo relatado en Hechos 6:10 podemos ver cómo el Espíritu Santo nos confronta. En este pasaje, Esteban, siervo del Señor, está predicando y disputando con los de la sinagoga llamada de los libertos y con los de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia. La Biblia nos muestra cómo aquellos hombres no podían resistir la sabiduría y el Espíritu con que Esteban hablaba, pues no tenían argumentos con los cuales refutar sus palabras.

Sin embargo, encontramos más adelante, en Hechos 7:51a, que, aunque aquellos hombres no podían resistir la sabiduría con la que Esteban hablaba, sí podrían endurecer su corazón y resistirse al Espíritu Santo.

Hermanos, este devocional tiene como finalidad mostrarnos que, cuando el Espíritu Santo de Dios nos confronte y seamos llamados al arrepentimiento, atendamos Su llamado y acudamos inmediatamente al Señor, pues, cuanto más tardemos en responder a Su llamado, mayor será el riesgo de que nuestro corazón se endurezca y permanezcamos viviendo de manera equivocada, cuando lo que Dios desea es que experimentemos esa nueva vida que Cristo ya ganó para cada uno de nosotros en la cruz.

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Alaba a Dios

Alabanza: Respondiendo al llamado de Dios. Parte 1
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