Rendición total

viernes, 18 de septiembre de 2026

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Oración

Dios, ayúdame a confiar más allá de lo que veo, a creer en que eres mi Sustentador, el que suple todo lo que me falta conforme a tus riquezas en gloria. Pero también abre mi corazón para dar generosamente de todo lo que soy y de lo que tengo, no solo a ti, sino a los demás. Tú diste toda tu vida para salvarme y perdonarme, no te reservaste nada, gracias por tu ejemplo de generosidad. En el Nombre de Jesús, amén.
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Lee la Palabra de Dios

“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”. Marcos 12:41-44 “Que, en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios”. 2 Corintios 8:2-5
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Reflexiona

¿Por qué la ofrenda de esta viuda captó la atención del Señor Jesucristo? ¿cómo fue que dio más que los demás, si solo dio unos centavos? La respuesta a estas preguntas sugiere que el dar comienza con la actitud de nuestros corazones. Y no sólo hablemos de dinero como en este caso, el Señor nos ha llamado a ser generosos, con todo lo que somos y tenemos, nuestros talentos y habilidades, nuestros recursos, nuestro conocimiento, nuestro tiempo, etc. Dar es el paso para servir con amor y generosidad al Señor y a otros. Aquí está el contraste entre los que echaban sus ofrendas como una demostración arrogante de lo mucho que daban y una viuda que dio de sus escasos recursos todo lo que tenía, con humildad y amor.

Aprendamos que el verdadero dar debe ser sacrificial. No es la cantidad de lo que damos, sino cuánto nos cuesta darlo, no es el don, es el sacrificio. Nuestro mayor ejemplo fue el Señor Jesucristo que dio su vida por nosotros. El verdadero dar tiene algo de derroche, recordemos a la mujer que derramó el perfume de alabastro para ungir al Señor, ella quebró el frasco, no reservó nada para sí, Marcos 14:3 Esto nos muestra que muchas veces hay algo de nosotros mismos que no le entregamos a Cristo. Rara vez llegamos al sacrificio total, a la rendición total.

El apóstol Pablo dio testimonio de los macedonios, que a pesar del hecho de que ellos mismos estaban pasando por una gran prueba y experimentando una extrema pobreza, expresaron su gozo con gran generosidad. No sólo dieron de acuerdo con sus fuerzas, sino aún más allá de sus fuerzas, y no solamente por la urgencia del pedido, sino porque se dieron primeramente ellos mismos al Señor.

Era una dádiva con sacrificio, eran pobres, pero querían ayudar a sus hermanos de Jerusalén. Lo sobresaliente del dar no es tanto la cantidad sino el por qué y el cómo damos. Dios no quiere dádivas que se den de mala manera. Más bien quiere, que todo lo que demos lo demos como una dedicación a Él, con un amor genuino por nuestros hermanos, con una profunda compasión por los necesitados, que manifieste nuestro amor por el Señor y por nuestro prójimo.

¿Será que estamos dando así? o ¿podemos tener el sentimiento de que no disponemos de mucho en materia de dones materiales o personales para ofrecer a Cristo? Si ponemos todo lo que tenemos y estamos a su disposición, Él puede hacer con ello y a través de nosotros cosas grandes y asombrosas. Jesús busca corazones rendidos a Él, corazones generosos, que aparten sus ojos de lo temporal y pongan su confianza en Él.

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Alaba a Dios

Alabanza: Rendición total
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