Recibiendo nuestro crecimiento
miércoles, 29 de julio de 2026
Oración
Papá Dios, no quiero conocerte en mis fuerzas, Señor, no en mi mente, mi lógica o mi imaginación; concédenos, por favor, a todos tus hijos, espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento tuyo y de nuestro Señor Jesucristo; anhelamos recibir todos juntos, nuestro crecimiento, oh Padre Dios, amén.
Lee la Palabra de Dios
“sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” Efesios 4:15-16
Reflexiona
Hablamos en el devocional del lunes anterior, acerca de la importancia de crecer espiritualmente, pues así como en nuestra vida física si no crecemos y nos fortalecemos, corremos muchos riesgos de diferentes alteraciones o afecciones; en el ámbito espiritual, el estancamiento o el no crecimiento puede llevarnos a actuar en nuestros propios pensamientos, deseos y voluntad; dejar de nutrirnos con la verdad también nos puede llevar a vivir bajo el temor, la culpa y la condenación, en lugar de la fe, la misericordia y el amor; no crecer en el conocimiento del Señor, puede llevarnos a crear y a adorar al Dios de nuestra imaginación.
La unidad del Espíritu, la hermandad en la congregación y la disposición de nuestro corazón para servirnos mutuamente y glorificar a Dios todos juntos, son los aspectos que el Señor hoy nos está recordando para que así todo su cuerpo reciba de Él, que es la cabeza, su crecimiento. Hermanos, la verdad es Cristo, la Palabra es Cristo, la unidad del Espíritu está en Cristo, el amor de Dios es en Cristo, el sentir de servir es de nuestro Señor y la humildad es Su cualidad (Juan 14:6, 1:14, 17:23, Romanos 5:5, 1 Juan 4:9, Filipenses 2:5-8).
Amados, realmente, lo que podemos denominar como dolores, padecimientos o afectaciones espirituales descritas al inicio y derivadas de un no crecimiento, son consecuencias que muy probablemente todos nosotros, en algún momento, hemos tenido que padecer, y que por supuesto, no quisiéramos sufrir continuamente de ello. Por esto es que, desde ahora nuestra petición al Señor debe ser que sea Él concediendonos espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo, haciéndonos así crecer en Él.
Alaba a Dios
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