Cristo nuestro Rey
miércoles, 14 de febrero de 2018
Oración
Amado Padre, santificado sea tu nombre, entrónate en mi vida como el Rey Justo y Poderoso. Quiero hacer tu santa y agradable voluntad en mí. Te amo Señor, Amén.
Lee la Palabra de Dios
“Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz”, Juan 18:17
Reflexiona
La Biblia afirma claramente que Jesús era de sangre real, un legítimo rey, descendiente de David y Salomón. El libro de Mateo cuenta que tres hombres sabios vinieron buscando al “rey de los judíos, que había nacido” y tiempo más tarde, cuando él hace la entrada triunfal en Jerusalén, Jesús es saludado por una multitud gritando “Hosanna al hijo de David”, o sea es aclamado como rey. Aún más el libro de Lucas, cuenta que Jesús es acusado porque “pervierte a la nación, […], diciendo que él mismo es el Cristo, un rey” (Lucas 23:2). Y Natanael dice a Jesús: “¡Tú eres el Rey de Israel!” Juan 1:49. Y al final tenemos la inscripción “Rey de los judíos” (INRI) que Pilatos la mandó a colocar según él pensó de Jesús en su corazón: “Jesús Rey”.
El pueblo judío clamaba por un líder que expulsaría a los romanos fuera de sus territorios y establecería su propio régimen justo, tan glorioso como el de David y Salomón, pero Jesús llamó a sus seguidores a un reino, del cual afirma: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” Juan 18:36.
Jesús enseñó sobre el Reino a lo largo de su ministerio, sus parábolas a menudo hablaron de este Reino, el cual el Padre y su Hijo habían preparado antes de “la fundación del mundo” (Mateo 25:34). Jesús explicó lo que nosotros debemos hacer para entrar en el Reino y cómo serán las condiciones en ese reino. Después de su crucifixión y resurrección, Jesús apareció ante sus discípulos y continuó “hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3).
Hoy, El Rey de los Cielos debe gobernar nuestra vida, aquel que es de Cristo oye su voz.
Alaba a Dios
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