La paz de Dios guarda nuestra mente y nuestro corazón
domingo, 1 de enero de 2017
Oración
Señor tu eres la fuente de paz, ese don divino que es el fruto de tu Espíritu y que queremos experimentar para tener sanidad y bienestar en todos los aspectos de nuestra vida. Ayúdanos a vivir en paz en este mundo caótico y violento, inundanos de tu paz , que sobrepasa todo entendimiento y mantén nuestros pensamientos y corazones en quietud y reposo en medio de las crisis, para poder extender nuestra mano y levantar a otros.
Lee la Palabra de Dios
"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.", Juan 14:27 "Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.", Filipenses 4:7 "Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.", Hebreos 12: 12-15
Reflexiona
Vivir en santidad armoniza con vivir en paz. Una buena relación con Dios conduce a una buena relación con los demás. Aunque no siempre vamos a a estar de acuerdo con otros, debemos buscar la paz con todos a medida que logramos ser más semejantes a Cristo. Jesús nos ofrece una paz que el mundo no puede ofrecer, esa paz es interior y nos permite estar tranquilos a pesar de las dificultades y los problemas a que nos enfrentamos. Cuando experimentamos esa paz nuestra mente está mas despejada y nuestro corazón más calmado para tomar mejores decisiones.
Cuando permitimos que el Espíritu llene completamente nuestras vidas, entonces usaremos nuestras crecientes fuerzas para ayudar a quienes están cerca de nosotros que son débiles y que están luchando, ayudándolos a levantarse y seguir las sendas derechas.
Pensemos que una raíz de amargura puede apoderarse de nosotros cuando dejamos que las diferencias o los desacuerdos crezcan hasta volverse resentimientos y así como una pequeña raíz crece hasta convertirse en un gran árbol, una pequeña amargura que brote en nuestro corazón puede dañar nuestras más profundas relaciones, alimentando rencores, celos y pleitos. Sólo el Espíritu Santo puede sanar la herida que causa la amargura.
Alaba a Dios
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