No olvides las obras de Dios
martes, 3 de noviembre de 2015
Oración
Amado Dios, tu mano prodigiosa siempre ha estado sobre mí, me has liberado de la opresión del pecado, me has dado libertad de tanta atadura, ayúdame Señor a no volver atrás, y cometer los mismos errores de tu pueblo. Te amo Señor. Amen
Lee la Palabra de Dios
“No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley; Sino que se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado. Delante de sus padres hizo maravillas En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán. Dividió el mar y los hizo pasar; Detuvo las aguas como en un montón. Les guió de día con nube, Y toda la noche con resplandor de fuego. Hendió las peñas en el desierto, Y les dio a beber como de grandes abismos, Pues sacó de la peña corrientes, E hizo descender aguas como ríos. Pero aún volvieron a pecar contra él, Rebelándose contra el Altísimo en el desierto;”
Reflexiona
En este salmo se hace un reconocimiento de la fidelidad de Dios para Israel. Y compara las dos actitudes, la de Dios y la del pueblo. Israel estaba esclavo en Egipto y clamaban por un libertador. Dios a su tiempo actúa y a través de Moisés los libera y lo hace con mano poderosa, demostrando el inmenso poder que tiene mediante milagros prodigiosos.
La nación más poderosa del planeta y el rey más temible del mundo quedan subyugados por la Soberanía de Dios y permiten que Israel salga de Egipto a la tierra prometida; pues, la manifestación de la fidelidad de Dios no se detuvo allí. Apenas habían salido se encuentran cercados por el Mar Rojo. Y Dios nuevamente actúa.
Pasaron entre dos paredes de agua, sobre tierra seca, para poder escapar del ejército de Faraón. Y las mismas paredes de agua que a ellos los dejaron pasar, fueron las que ahogaron a todo el ejército que los estaba persiguiendo.
Unos pasos más adelante, el pueblo tiene sed. El desierto es inclemente y fatiga. ¿De dónde sacar agua para más de dos millones de personas con sus animales? Dios vuelve a mostrar su fidelidad y les da agua. El salmista recuerda estos tres grandes eventos para mostrar el poder y el amor de Dios. Y termina diciendo que el pueblo volvió a pecar contra Dios. No habían pasado ni diez días y ya estaban quejándose, criticando, murmurando y pecando.
No tuvieron memoria, no tuvieron conciencia de quien es Dios y solo siguieron sus impulsos egoístas para justificar su actitud injustificable. Hoy leemos esta historia y la criticamos con dureza. Decimos que Dios no se merece que volvieran a pecar.
Y en nuestro tiempo de tanto avance, nosotros volvemos a cometer el mismo error. En otras condiciones, con otras excusas, pero hacemos lo mismo. Perdemos la memoria de las bendiciones que Dios nos da. Tenemos a menos su perdón y la salvación que nos dio en el Calvario. Y volvemos a pecar. Qué iniquidad la nuestra.
Alaba a Dios
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