Un corazón nuevo y un espíritu nuevo
2025-05-15

1. Oración inicial
«Padre Dios, gracias por tu hermosa promesa de renovación de mi corazón y mi espíritu. Anhelo un espíritu recto donde solo puedas habitar, ayúdame a comprender que soy heredero de la gracia y la abundancia de los cielos. Entender que el pecado me despoja, me arruina y no me deja vivir una vida plena. Quiero caminar en el Espíritu y dejar que su obra santificadora cubra mi ser, límpiame y restaurame. En el nombre de Jesús, amén.»

2. Lee la palabra de Dios
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Ezequiel 36:26-27

3. Reflexiona
Hemos sido creados a la imagen y semejanza de Dios y para su gloria como lo manifiesta Isaías 43:7 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”. Sin embargo, por causa del pecado hemos distorsionado ese diseño original, y nuestro corazón se ha endurecido. Cuando le permitimos a Dios entrar en nuestras vidas lo primero que Él quiere hacer es sanar nuestro corazón, porque la restauración comienza de adentro hacia afuera.
Por eso el Señor nos hace esta hermosa promesa “Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros”, Y, además asevera que pondrá dentro de nosotros “su Espíritu”, para que nos ayude en nuestro andar espiritual.
En este pasaje el corazón de carne es contrastado con el corazón de piedra, implicando que la naturaleza fría como la piedra y dura del corazón de nosotros sería reemplazada por una espiritualidad cálida y viva. Ese corazón nuevo se refiere a nuestra mente y voluntad que deben ser transformadas. Un corazón duro no es apto para recibir la buena semilla de la Palabra de Dios para que dé fruto; pero, un corazón de carne es impresionable y dócil, apto para que la Palabra de Dios haga su obra en él. Esto nos habla de la “gracia soberana” de Dios, porque el ser humano no puede tener un corazón nuevo a menos que el Señor se lo dé.
El Señor quiere una renovación completa de nosotros, para ello prometió que su Espíritu vendría a morar en nosotros, promesa que se cumplió en el momento de nuestra conversión; y que es la única forma de ser transformados porque nos da su poder para hacer su voluntad. Debemos entender entonces que, por impura, dura y fracturada que esté nuestra vida, Dios nos ofrece un nuevo comienzo.
Por medio de la sangre de Cristo puede borrar nuestros pecados, sanar nuestro pasado, quitar nuestras cargas y darnos una nueva oportunidad para que volvamos en intimidad con Él y encontrar la paz que necesitamos, como dice Job 22:21 “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien”.
Él quiere darnos una nueva vida en abundancia, por la sangre de Cristo que expía y por la obra santificadora del Espíritu Santo, que es aplicada a nosotros por nuestra fe en Jesús, limpiando nuestra conciencia de malas obras y de toda contaminación del pecado.
Todos los que creemos tenemos parte en el nuevo pacto, tenemos un nuevo corazón y un espíritu nuevo para andar en la nueva vida que Jesús nos ofrece. Dios nos dará un corazón de carne, blando y tierno, que cumpla su santa voluntad. La gracia renovadora obra un cambio tan grande que puede cambiar un corazón endurecido por un corazón de carne. Dios pondrá dentro su Espíritu como Maestro, Guía y Santificador. Él nos equipa con su gracia para cumplir el propósito por el cual nos escogió y llamó.

4. Alaba a Dios

5. Comparte
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