Mi mirada puesta en Tí
2026-02-10

1. Oración inicial
«Padre, que mi mirada esté siempre puesta en Tí, pues cuando solo te veo a Tí mi alma encuentra paz, esa paz que sólo Tú puedes dar y que es la que sobrepasa todo entendimiento, paz que no llega por la ausencia de dificultades sino que viene como resultado de permanecer en Tu Presencia. Amén.»

2. Lee la palabra de Dios
«En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.» Salmos 94:19

3. Reflexiona
En la mayoría del Salmo 94 no sólo podemos observar la gran injusticia a la que se enfrentaba el escritor y las personas que estaban a su alrededor, sino también lo que produce en la vida del hombre al poner la mirada en las situaciones difíciles del día a día (Salmos 94:1-6, 16, 21). Cuando el Salmista se enfocaba en esas injusticias, la Biblia nos muestra que su corazón se llenaba de ira, y cuando permitía que fuera su carne la que tomara el control y guiara sus oraciones, sólo salía la gran necesidad de que Dios hiciera «justicia» (Salmos 94:9-10a). Ésto me recuerda la petición de Juan y Jacobo, quienes al ver el rechazo que le hicieron en una aldea de Samaria a Jesús y al dejarse dominar por ésto, sólo salía de su corazón la gran necesidad de que cayera fuego del cielo para que consumiera toda esa ciudad, pues según ellos con ésto se haría «justicia» (Lucas 9:54). Cuando tú y yo nos dejamos dominar por la carne nos sumergimos en un estado de tristeza, rencor, celos, etc., pues la carne sólo nos impulsa a que se produzca en nosotros frutos semejantes (Gálatas 5:19-21a). Sin embargo, observemos lo que sucede en nuestras vidas cuando, incluso ante dichas situaciones injustas, le damos el control al Espíritu. El Salmista declara que lo único que producía alegría a su alma era la Palabra de Dios, pues en ella encontraba el consuelo que necesitaba, y es que la Palabra de Dios es la única que puede saciar nuestra alma incluso ante la peor circunstancia, por eso el Espíritu Santo nos lleva a recordarla (Juan 14:26)
Cuando le damos el control al Espíritu Santo de Dios se produce en nosotros Su fruto, fruto que nos lleva a experimentar en todo momento: el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza o dominio propio (Gálatas 5:22-23a), fruto que necesitamos para poder resistir la prueba y mantener nuestra confianza firme en Jesús quien es nuestra esperanza (Salmos 27:13-14)
Hermanos, en el mundo estamos y en él enfrentaremos aflicción, sin embargo, no nos podemos dejar llevar por las dificultades de este mundo, ni ellas pueden determinar nuestro pensar, sentir, actuar, pues por el único que nos deberíamos dejar guiar es por Dios y Su Palabra, pues como lo declara el Salmista: «Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, Y en tu ley lo instruyes, Para hacerle descansar en los días de aflicción,» Salmos 94:12-13a.

4. Alaba a Dios

5. Comparte
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