Dios satisfacción del alma. Parte 1.
2026-02-01

1. Oración inicial
«Padre, perdón por centrar mi oración tan sólo en mis necesidades, reconozco que me he dejado abrumar por lo que diariamente me sucede, y al hacer ésto pongo mi enfoque en lo efímero de este mundo y te pierdo de vista a Tí. Tú quien eres mi refugio, mi deleite, la paz y satisfacción que mi alma necesita. Espíritu Santo de Dios, Tú eres quien me guía a la Verdad, guía y centra mis oraciones y mi mirada en Jesús. Amén.»

2. Lee la palabra de Dios
“Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos.” Salmos 63:1-4

3. Reflexiona
Llama mi atención este pasaje, no sólo por su contenido, sino por la breve descripción que encontramos al inicio: “Salmo de David cuando estaba en el desierto de Judá”. La Biblia nos centra en que David se encontraba en un desierto, quizás enfrentando escasez de agua y comida, pero le vemos en el Salmo enfocarse no en su situación sino en Dios, pues tiene claro que aunque su alma puede llegar a estar en gran necesidad, la satisfacción de ella sólo proviene de Dios, por eso el título del Salmo 63: “DIOS SATISFACCIÓN DEL ALMA”.
David no niega su necesidad física, es consciente de ella, pero puede concluir que tiene una necesidad superior, una necesidad espiritual: estar siempre en comunión con Dios, por eso le vemos expresar: “Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,”. Cuando leo éstas palabras escritas por el rey David veo a Cristo reflejado en él, pues si hay alguien que pudiese expresar que anhelaba profundamente estar en comunión con el Padre, ese era Jesús. A nuestro Señor Jesús le vemos priorizar Su relación con Dios Padre, para Él el orar era una necesidad vital, podríamos decir que incluso como lo es el respirar, o como lo declara el Salmista, como una sed profunda que necesita ser saciada, por eso vemos a Jesús antes de iniciar su jornada diaria: yéndose a lugares desérticos, solitarios, a orar, incluso cuando ni siquiera el sol había aparecido (Lucas 5:16, Marcos 1:35).
Hermanos, cuando observamos a Jesús priorizando Su tiempo de intimidad con el Padre, logramos percibir un poco la finalidad que deben tener nuestros encuentros con el Señor, pues la oración debe tener como centro a Dios, pues nuestra mayor necesidad por encima de las demás, debe ser el conocerle, el ver Su Poder y Su gloria, el alabarle por Su misericordia y el darle gracias por las bendiciones en nuestras vidas.

4. Alaba a Dios

5. Comparte
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