No hay otro nombre
2026-01-30

1. Oración inicial
«Padre, me has dado al único que podía salvarme, que cumplía de manera precisa todas las condiciones para ser el Salvador de mi alma, ahora, guíame a vivir conforme a tu gran amor, mostrando tu gloria cada día en todo lo que haga, para alabanza de tu nombre, en el poder de tu Espíritu Santo. Amén»

2. Lee la palabra de Dios
“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Hechos 4:12

3. Reflexiona
No hay otro nombre por medio del cual podamos ser salvados de nuestros pecados, de nuestra vida esclavizada al maligno, o de nuestros propios deseos. Muchas personas en las religiones, se esfuerzan por actuar como Cristo, pero lo que debe pasar es que sea Cristo actuando en ellos, expresando su gloria y su poder, porque el evangelio no vino a mejorar al viejo hombre, sino a resucitar muertos; por supuesto que esta nueva creación mejora la vida de las personas, al sacarlas de la esclavitud y tinieblas en que vivían, pero esto por el obrar de Dios, y de ninguna manera por esfuerzo humano.
No hay otro mediador, por medio del cual seamos aceptados por Dios, solo el Amado, Cristo Jesús, como lo dice 1 Timoteo 2:5: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,” y lo confirma Efesios 1:6 “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,”.
Solamente y exclusivamente somos aceptados por Dios por medio de Cristo, no por nosotros mismos, porque al único que acepta el Padre, es a su Hijo, como lo asevera Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”. Y lo confirma Mateo 11:27: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”.
El argumento de esta exclusividad, es el propósito del Padre, en reunir en el Hijo, todas las cosas, incluidos nosotros: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9-10).
Y el Espíritu Santo, con el cual fuimos sellados cuando creímos en Cristo, nos revela, como una verdad presente a Cristo, como la Palabra que ahora mora y actúa en nosotros, en amor, vivificando nuestra vida para que le sirvamos. Si la verdad de que solo Cristo salva, de que solo él es el mediador, no nos es revelada por su Espíritu, solo tendremos la banalidad, superficialidad e hipocresía religiosa.
Volvamos por tanto, a poner toda nuestra confianza, atención y centralidad en Cristo, pues Jesús no nos convierte simplemente en mejores personas; tampoco mejora nuestra piedad o aumenta nuestra santidad — en realidad no tenemos ni somos nada sin él. Por el contrario, completa y plenamente nos hace nuevas criaturas (2 Corintios 5:17; Gálatas 6:15).

4. Alaba a Dios

5. Comparte
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