Anunciando la vida que nos habita
2025-08-29

1. Oración inicial
«Padre, que en todo lugar y en todo lo que hago, sea Cristo en mi revelándose a otros, amando, enseñando y trayendo su paz por medio de nuestros actos, y que cuando hablemos no seamos nosotros, sino Cristo hablando de la salvación que el Padre proveyó en él. Amén»

2. Lee la palabra de Dios
“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.”, 1 Corintios 1:21
“mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?”, Gálatas 4:9

3. Reflexiona
Todo el mundo habla de Jesús, pero solo pueden manifestar su vida los que lo conocen, que han sido primero amados y conocidos por Él. (Gálatas 4:9)
El evangelio se expresa en obras y en la Palabra, que es Cristo como la Palabra, expresándose a través de nosotros, no que seamos nosotros comunicando un mensaje intelectual o hablando de nosotros mismos, sino que es Cristo dándose a conocer a través de nosotros.
Por lo tanto, la iglesia no es una entidad que habla de Cristo, es el cuerpo de Cristo, manifestando su sentir, su pensamiento y su actuar. Los únicos que pueden expresar la vida de Cristo, somos los que formamos parte de Él.
El propósito del evangelio se cumple, cuando Cristo es formado en nosotros y Cristo en nosotros da testimonio de la verdad, que es él mismo. Cristo como la cabeza y nosotros el cuerpo, damos testimonio viviente de la plenitud de aquel que lo llena todo en todos. (Efesios 1:22-23)
Entonces la predicación del evangelio para salvación de los oyentes que creen, no es un evento o una reunión, sino una expresión constante donde todo el tiempo manifestamos a Cristo, sea en el trabajo o en nuestra familia “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16). Es una necesidad que sale orgánicamente de nuestro interior, porque es Cristo mismo queriendo que todos sean salvos y que lleguen al conocimiento de la verdad, como dice 1 Timoteo 2:4 “el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.”, y la verdad no es una filosofía, ni una religión, tampoco algo sino alguien. Cristo mismo.
Entonces, no anunciamos algo, sino a alguien que nos habita. Si el que escucha cree en él, en la persona misma que mora en nosotros y del cual damos testimonio con palabras y con hechos, entonces los demás creerán para salvación y serán sellados con el Espíritu Santo: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,” (Efesios 1:13).
Abogados, ingenieros, médicos, deportistas, técnicos, amas de casa o la profesión que sea, tienen un pasaporte para ir a donde conviven y predicar el evangelio en esos lugares, manifestando a Cristo mismo en sus vidas. El Cristo resucitado expresado en todo lo que hacemos: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17)

4. Alaba a Dios

5. Comparte
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